Mundo Obrero

HISTORIA DE LA CLASE OBRERA

Cómo se gestó el primer paro general contra un gobierno peronista

Fue el 27 de junio de 1975, convocado por la CGT contra el plan de ajuste de Celestino Rodrigo. Las coordinadoras interfabriles, factor central de la movilización obrera.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Viernes 26 de junio | 22:44

En medio de una crisis catastrófica de la economía mundial, que había cerrado el mercado europeo a las exportaciones de carnes argentinas, el gobierno de Isabel Perón decide aplicar un brutal plan de ajuste contra el pueblo trabajador. El 4 de junio de 1975, Celestino Rodrigo, ministro de Economía, anuncia un paquete de medidas que será bautizado como el “Rodrigazo”. Es el punto final de la política de “Pacto Social” que desde 1973 regía la relación entre los patrones, el Estado y los trabajadores y cuya finalidad era poner fin a la insurgencia obrera y popular que había tenido en el Cordobazo de 1969.

Un salto del peronismo en el poder en el ataque a los trabajadores

Entre las medidas tomadas se encuentra una devaluación del peso con relación al dólar, que oscila entre el 80 y el 160 %. También, un aumento sideral de los precios que en algunos casos llega al 180 %,como en las naftas o el 75 % en las tarifas de colectivos.

La medida central que despertará la oposición obrera va a ser la negativa a homologar las paritarias y el establecimiento de los topes salariales. El 31 de mayo vencía el plazo establecido por el Pacto Social para la renovación de los Convenios Colectivos de Trabajo. Los anuncios de Rodrigo obligaron a la burocracia sindical, que esperaba reubicarse frente a su base con las paritarias, a tener que separarse del gobierno.

Con el plan Rodrigo, se proponía una brutal transferencia de ingresos en beneficio del gran capital. El peronismo venía cumpliendo la función de desviar el proceso de insurgencia y contener a la clase trabajadora, combinando Pacto Social y accionar de las bandas terroristas de la Triple A. A partir de este momento, pasó a convertirse en agente directo de un ataque abierto que beneficiaba al capital local y financiero más concentrado y de una política de shock para revertir la crisis económica.

La respuesta obrera

La respuesta de los trabajadores no se hizo esperar y corrió por cuenta de la base obrera y el activismo. La misma pasó por tres momentos.

El pimero fue de la huelga por establecimientos a la huelga local. La punta del conflicto fue la IKA Renault de Córdoba donde el 2 de junio los obreros en asamblea deciden contestar a los todavía rumores sobre el plan económico, con un abandono de tareas. El ejemplo ganará a las fábricas del interior del país –esencialmente Córdoba y Santa Fe– y del Gran Buenos Aires. Pese a las derrotas previas sufridas por las vanguardias que venían del Cordobazo, del primer clasismo (Sitrac-Sitram), de Luz y Fuerza Córdoba (Agustín Tosco), del SMATA Córdoba (René Salamanca) y de la combativa UOM Villa Constitución (Alberto Piccinini), la clase obrera de Córdoba, Santa Fe y Mendoza jugará un papel de primer orden en los acontecimientos.

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Un segundo momento expresa el paso de la huelga y manifestaciones locales, a la coordinación por abajo y la regionalización del conflicto. Las medidas de lucha se multiplican y se imponen paros por gremios a escala provincial, que en algunos casos toman el carácter de paros regionales. El movimiento se va extendiendo a nivel nacional y el enfrentamiento con la burocracia cobra presión.

El 12 de junio en Córdoba, impulsado por la Mesa de Gremios en Lucha, se impone por iniciativa de los metalúrgicos, un paro provincial de hecho. En la zona norte del Gran Buenos Aires –donde se distinguen por su combatividad los obreros de las automotrices y de los Astilleros de Tigre y San Fernando– se inicia en dos oportunidades la marcha hacia la Capital, intentando llegar a las sedes del SMATA y de la UOM para demandar directamente a los dirigentes. En el primer caso, el intento es liderado por los obreros de la Ford y de astilleros Astarsa, en el segundo por los trabajadores de General Motors. Además se producen ocupaciones de fábricas en la misma Astarsa y en Córdoba, Grandes Motores Diesel. Comienzan a tomar cuerpo las coordinadoras interfabriles zonales que agrupan a las comisiones internas de las fabricas más combativas y son las que tienen la iniciativa empujando y organizando la lucha obrera.

“Dame una mano, dame la otra, dame a Rodrigo que lo hago pelota”

Un tercer momento es el que se inició con el llamado al paro general del 27 de junio convocado por la CGT, con el objetivo de presionar a Isabel y descomprimir. Esto desembocará en la huelga general política del 7 y 8 de julio, expresando el salto de la lucha económica a la lucha política.

La burocracia sindical –encabezada por Lorenzo Miguel, líder de la UOM– se ve obligada a cambiar su actitud y exige a Isabel la homologación de los convenios. Para ello convoca para el 27 de junio a una jornada contra el plan Rodrigo, en apoyo a la presidente y por la rápida homologación. Sin embargo, el empuje de la base transforma la movilización dominguera de la burocracia en un virtual paro general donde más de 100.000 manifestantes desafían la militarización y el Estado de Sitio, copando la Plaza de Mayo reclamando la renuncia de Rodrigo y López Rega.

“Dame una mano, dame la otra, dame a Rodrigo que lo hago pelota” o “queremos la cabeza de los traidores Isabel, Rodrigo y López Rega”, son algunas de las consignas que se agitan entre los manifestantes. Por primera vez en toda su historia la clase trabajadora levantará demandas políticas enfrentando al gobierno peronista.

A pesar de la extraordinaria movilización, el 28 de junio Isabel anuncia su negativa a homologar los convenios. El ministro de Trabajo, Ricardo Otero, hombre de la UOM, renuncia a su cargo luego de correr alrededor de la mesa de reunión del gabinete al ministro Rodrigo para propinarle una golpiza. La burocracia quedará enfrentada -a su pesar- al gobierno, aunque no toma medidas para ahondar la lucha. La actitud de los dirigentes es de prescindencia. Casildo Herrera (Secretario General de la CGT) y Lorenzo Miguel (UOM) se van a Ginebra al Congreso de la OIT, de donde regresarán recién el 1º de julio.

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La situación política pega un giro brusco y desde el 27 de junio existirá en el país una huelga general de hecho, que supera a la burocracia sindical peronista que no logra contener la movilización ni con el matonaje de sus gangsters integrantes de las bandas fascistas de las Tres A.

La coordinadoras interfabriles

Desde las comisiones internas y cuerpos de delegados se gestarán las coordinadoras interfabriles, que serán organizadoras de todo este proceso. Se llamaban Coordinadoras de Gremios, Comisiones Internas y Cuerpos de Delegados en lucha y expresan un fenómeno antiburocrático del corazón del movimiento obrero. Las fábricas que las constituyen venían de un proceso de lucha contra el pacto social bajo el gobierno de Perón, en donde se va descabezando a las direcciones burocráticas poniendo al frente a delegados combativos. Organizadas por zona, nucleaban a las fábricas y al activismo más combativo de la clase trabajadora. En las coordinadoras de las zonas norte, sur, oeste del Gran Buenos Aires y de la zona de La Plata, Berisso y Ensenada, participaban 129 fábricas y 11 seccionales sindicales que agrupaban a más de 120.000 trabajadores.

Serán las asambleas de fábrica donde actúan las coordinadoras las que marcarán, en gran parte, el ritmo de los acontecimientos. Así tomaba nota la burguesía argentina del fenómeno: “Las fábricas de la Capital y alrededores quedaron en su mayoría paralizadas cuando sus operarios resolvieron detener actividades, algunos permanecieron en los establecimientos, otros se encaminaron a la sede de la CGT (...). En ningún caso quedó constancia de decisiones tomadas por la respectivas conducciones gremiales” (La Opinión, 1º de julio de 1975).

Plenario nacional

El 28 de junio las Coordinadoras Interfabriles harán en Beccar Varela su primer plenario nacional. La clave será la participación de las comisiones internas recuperadas, de distintas fábricas que se unen traspasando la frontera de los gremios. Allí se votará realizar un plan de lucha y una serie de demandas cuyos puntos eran:

“1) asambleas en los lugares de trabajo para informar sobre la formación de las Coordinadoras y el Plan de Lucha

2) exigir la realización de Asambleas Generales a los respectivos gremios y plantear el Plan de Lucha

3) exigir a la CGT la convocatoria de un paro general

4) pedir la renuncia de todos los dirigentes que apoyan el «decretazo»

5) por la defensa de la ley 14250

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6) contra el decretazo

7) por la defensa de lo acordado por las paritarias y por un aumento de salarios a los gremios que quedaron postergados

8) por un sueldo mínimo de 650.000$

9) por la defensa y recuperación de los sindicatos y la CGT para los trabajadores

10) por la vigencia de la democracia sindical

11) por la libertad de Piccinini, Ongaro y todos los presos políticos, gremiales y estudiantiles”.

Se vota además una movilización el 3 de julio en la Capital Federal, preludio de la extraordinaria huelga general del 7 y 8 de julio, que la burocracia sindical se verá obligada a llevar a cabo terminado con el Plan Rodrigo y obligará a la renuncia de López Rega.

Dirección

El 27 de junio la clase obrera se movilizó porque la burocracia sindical se vio obligada a cruzar el charco. Eso permitió que las grandes masas obreras hicieran una primera gran experiencia contra el peronismo en el poder y abrió un continente de acción para que las coordinadoras disputaran la dirección de la mayoría del movimiento obrero a la burocracia sindical. Esta última evitó en todo momento confrontar directamente con Isabel e intentará preservarla del embate de la movilización.

Las coordinadoras representan además una tendencia a la ruptura con el peronismo y por ello las corrientes de izquierda tienen gran peso en su interior. En primer lugar la JTP (Montoneros), el PRT, el Peronismo de Base, el PST y otras corrientes menores como Vanguardia Comunista o Política Obrera. Las comisiones internas constituyeron un verdadero poder fabril a nivel de las empresas y cuestionaban el poder de la burocracia sindical.

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El peronismo de izquierda y el PRT-ERP, desde entonces intentarán limitar el alcance de las coordinadoras negándose a plantear que el objetivo debía ser la caída revolucionaria del gobierno de Isabel Perón mediante la huelga general y las ocupaciones (el PST tampoco planteó esta política). Para las organizaciones guerrilleras la nueva situación plantea profundizar su política de llevar adelante una guerra de aparatos externa a la lucha de clases real, combinada con variantes de conciliación de clases como ser la reedición del Frejuli (Montoneros) o de un frente democrático con la izquierda peronista y el PC -que predicaba un gobierno cívico-militar- (PRT-ERP).

La dirección fue el límite central de las coordinadoras interfabriles para disputar a la burocracia sindical al conjunto de la clase trabajadora.

Plenarios, coordinadoras y unidad de los trabajadores

En la actual crisis económica, sanitaria y social las patronales han declarado una guerra contra la clase trabajadora. El gobierno de Alberto Fernández cede casi sin chistar frente a ellas. Incluso en sus amagues de un impuesto a las fortunas o la expropiación de Vicentin, el Gobierno retrocede frente a la presión patronal y envalentona a los propietarios de tierras y empresas que aumentan su extorsión sobre el conjunto de la sociedad.

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Las coordinadoras interfabriles fueron el punto más alto de organización de una clase obrera industrial que enfrentó los intentos de las patronales para descargar la crisis sobre sus espaldas en los ‘70. Por este motivo, las coordinadoras constituyen un punto de partida para pensar la reorganización de las fuerzas de los trabajadores y obtener su unidad en la presente situación de crisis económica, sanitaria y social. Son un ejemplo a seguir de autoorganización y democracia obrera, de unidad de todos los trabajadores independientemente de su empresa, rama, gremio o territorio.

Las nuevas coordinadoras tienen el desafío de unir a los trabajadores sindicalizados y no sindicalizados de la industria y los servicios, a los efectivos, a los tercerizados, a los precarizados, a las mujeres y todos los movimientos sociales de oposición al capital, en un frente único de toda la clase trabajadora y el pueblo pobre. Una organización así haría que todo el poder de los que hacemos mover la sociedad sacuda los cimientos del capitalismo argentino y haga pagar a los empresarios los costos de la crisis.

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Los plenarios que convocamos desde el MAC (Movimiento de Agrupaciones Clasistas) y el PTS, así como nuestra intervención en otros agrupamientos como el Plenario Sindical Combativo, tienen esta perspectiva de reconstruir un hilo de continuidad que una la historia y el presente de la clase trabajadora para la guerra de clases que nos ha declarado la patronal. Queremos preparar las fuerzas de los revolucionarios y los luchadores alrededor de una estrategia para vencer.






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