Política

UNIDAD PARA AJUSTAR

De los progres a los fachos, todos juntos en las elecciones del PJ

Después de años de intermitencia en los mandatos, la enorme mayoría del justicialismo se alineó detrás de Alberto Fernández para que encabece el partido.

Jueves 18 de febrero

El interminable desfile de elogios y lamentos por el fallecimiento de quien fuera el presidente de Argentina durante toda la década de los 90, parece haber adelantado el escenario de las elecciones nacionales del Partido Justicialista. El 21 de marzo serán los comicios y, aunque hay dos listas presentadas, una enorme unidad en torno a Alberto Fernández garantiza que reemplazará a José Luis Gioja en el liderazgo (formal) del peronismo.

La lista que encabeza el presidente, denominada Unidad y Federalismo, tendrá cinco vicepresidencias: el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, la vicegobernadora de Chaco, Analía Rach Quiroga, y las diputadas nacionales Cristina Álvarez Rodríguez (por Buenos Aires) y Lucía Corpacci (por Catamarca).

Además el armado incluirá a intendentes del conurbano como Gustavo Menéndez (Merlo), Fernando Espinoza (La Matanza), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas) y líderes de las distintas centrales sindicales, como Héctor Daer (CGT), Hugo Yasky (CTA), Victor Santa María (Suterh), Antonio Caló (UOM), Ricardo Pignanelli (SMATA) y Pablo Moyano de Camioneros. Poné los fideos que se juntaron todos, y no precisamente para enfrentar los ataques contra los trabajadores.

La otra lista, presentada por Alberto Rodriguez Saá, puede fracasar incluso antes de la elección, si la junta electoral decide bajarla alegando que algunas candidatas no están correctamente afiliadas. Sea como fuere, el armado no tiene chances frente a un alineamiento que concentra a la enorme mayoría del partido.

El otro que quiso marcar la cancha fue Sergio Berni, quien llegó a presentar una lista (con el título de “orden y trabajo”) minutos antes del cierre, pero se terminó bajando para encolumnarse detrás de Alberto Fernández, asegurando que se ve representado en la candidatura del gobernador de la provincia de Buenos Aires.

De broncas y decepciones

La semana pasada, distintos funcionarios del Gobierno protagonizaron episodios que provocaron bronca y reprobación en las redes sociales y por parte de algunos periodistas e intelectuales afines. Hagamos un breve repaso.

Después de semanas de discusión sobre la vuelta a clases, el ministro de educación nacional, Nicolás Trotta, apareció en una misma mesa con su par de la Ciudad, Soledad Acuña, avalando el plan larretista de la vuelta “como sea”, más allá de cualquier cuidado a docentes y alumnos.

En esos días se discutía por el femicidio de Ursula Bahillo. Ahí la intención oficial de apuntar únicamente contra el Poder Judicial fue sobrepasada por el repudio extendido a la Policía Bonaerense y su vocero extraoficial, Sergio Berni, que anduvo por los programas de televisión diciendo que no importaba si el femicida era un efectivo de esa fuerza. Pero también se expresó una bronca muy grande ante la inacción del Ministerio de las Mujeres y contra la ministra Gomez Alcorta, que seguía con su agenda política como si nada mientras el país se conmovía por el caso.

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El jueves, en una reunión entre distintos funcionarios del Gobierno y representantes de la cúpula empresarial del país, Martín Guzmán recibió una catarata de aplausos. Un periodismo “progre” habilidoso intentó explicarlo por los “buenos modales” del ministro de Economía. Pero los dueños de todo no se emocionan cuando les hablan amablemente, sino cuando les hablan de números y políticas que los favorecen.

Por ese mismo motivo los líderes de las patronales del campo salieron sonriendo de la reunión que mantuvieron con el presidente ese martes, cuando les dio la tranquilidad de que la tibia amenaza de subir las retenciones no iba a quedar en más que eso, o sea en nada.

Con estos amigos...

Cuando, en el 2019, el oficialismo lanzó su campaña electoral diciendo que era “con todos”, eso significó incluir en el armado a actores de todo tipo y color. Así, los sectores “progresistas” o de centroizquierda que ingresaron a la coalición soportaron hacerlo con personajes como Manzur, Perotti, Berni y hasta Ménem.

La premisa era que, desde adentro y con esas alianzas, iban a ganar las elecciones y recuperar lo perdido bajo el gobierno de Macri, o “poner a la Argentina de pie”, al decir del presidente. En los hechos, lo único que sucedió fue lo primero. Desde adentro "no se pudo" evitar el ajuste a los jubilados, ni la represión a las familias de Guernica, ni el retroceso frente a Vicentín o ante el levantamiento policial.

“Desde adentro” no se pudo evitar la rebaja de los salarios en plena pandemia, ni mucho menos los millones de despidos y suspensiones que hubo a pesar del decreto que supuestamente los prohibía. Tampoco "se pudieron" evitar los casos de gatillo fácil ni la impunidad de la que gozan los involucrados, por ejemplo en el caso de Facundo Astudillo Castro. No se pudo. O no se quiso.

Los eventos de la semana pasada, que relatamos unos párrafos más arriba, son nada más que las primeras muestras en el 2021 de esta única verdad, la realidad.

Unidos ajustaremos

En medio de una profunda crisis económica y social que cada vez golpea más fuerte en la vida de millones de familias trabajadoras y es agravada por la pandemia, las elecciones del Justicialismo serán un intento de mostrar filas cerradas después de muchos años de alternancias intermitentes en la conducción, con intervenciones judiciales y mandatos inconclusos de por medio.

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Todos los sectores del peronismo buscan mostrarse unificados y darle mayor legitimidad a un partido que ya supo ser, en otros momentos de crisis en la historia, un partido del orden, encargado de ejecutar los planes de ajuste y represión para la salida de distintas crisis. No por nada el comienzo de esta nota habla de aquel presidente riojano.

¿Qué pueden esperar las familias trabajadoras, los jubilados y los distintos sectores populares cuando los sectores progresistas pactan con los burócratas sindicales? ¿Qué expectativa puede haber cuando los “centroizquierdistas” cierran filas con barones del conurbano, Gobernadores y ministros excarapintadas?






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