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Día de la militancia: Rodolfo Walsh y las lecciones de la clase obrera

El 17 de noviembre de 1972, Juan Domingo Perón regresa luego de 18 años de lucha de la clase obrera. Rodolfo Walsh y la unidad del peronismo. La militancia obrera por su emancipación y la del pueblo pobre.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Martes 17 de noviembre | 23:16

El día de la militancia celebra la derrota de la proscripción del peronismo y el retorno de Juan Domingo Perón a la Argentina luego de 18 años de exilio y proscripción.

#DiaDeLaMilitancia: ¿por qué el peronismo conmemora esta efeméride?

Los militantes de Montoneros y JP coreaban frente a Gaspar Campos “Perón/ Evita/ la patria socialista”. Lo cierto es que el día de la militancia no puede ser recordado olvidando que Perón volvió acordando con el dictador Alejandro Lanusse desviar la insurgencia obrera y popular abierta por el Cordobazo. La victoria democrática no llevó a la “patria socialista” sino al gobierno del Pacto Social a favor de los empresarios, a fortalecer a la burocracia sindical y sus patotas y al libre accionar de las bandas ultraderechistas de la Triple A.

En el 2020, los militantes kirchneristas y la burocracia sindical moyanista, celebran que se vote un presupuesto de ajuste fondomonetarista que como se refleja en La Izquierda Diario, liquida las IFE, confisca a los jubilados y recorta las partidas sociales y de salud. Todo para pagar la deuda macrista.

Resistencia obrera

El día de la militancia rememora la resistencia de la clase obrera al golpe gorila de septiembre de 1955. Mientras los trabajadores exigían armas para derrotar a los golpistas y levantaban barricadas en las barriadas del conurbano y Rosario, Perón capitulaba frente a los golpistas y huía en una cañonera paraguaya aportada por el dictador Alfredo Stroessner, iniciando un periplo que culminará en la España franquista.

John William Cooke comprendió el porqué de aquella capitulación cuya máxima expresión fue la negativa de armar a los trabajadores: “no se puede armar la clase trabajadora para que defiende a su régimen y al otro día decirle: Bueno m’hijo, devuelva las armas y vaya a producir plusvalía para el patrón”.

Lamentablemente el teórico de la izquierda pequeñoburguesa del peronismo extrajo como conclusión que la capitulación de los dirigentes permitía luchar por un peronismo revolucionario, sin comprender que de esa manera se fortalecía lo que se quería combatir, una dirección cuya finalidad era cuidar la plusvalía del patrón.

Mientras la clase obrera reorganizaba por abajo sus fuerzas y protagonizaba la resistencia obrera a la dictadura, la burocracia sindical peronista se desplomaba como un castillo de naipes y apostaba a negociar con el golpista Eduardo Lonardi que proclamaba que no había “ni vencedores, ni vencidos”. Los años de la llamada resistencia peronista resumen la historia de una clase obrera combatiente y una dirigencia peronista conciliadora.

Rodolfo Walsh supo escribir con respecto a la experiencia de la resistencia obrera peronista que: "Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas".

Perón evitá, la patria socialista

La militancia de la resistencia obrera al régimen libertador se forjo en las duras condiciones de lucha de clases contra dictaduras y gobiernos civiles que reprimían con saña a los trabajadores y fusilaban a los resistentes en los basurales de José León Suárez. La generación que continuó la de la resistencia logró derrotar a la dictadura de la Revolución Argentina. La militancia obrera y estudiantil del Cordobazo superó los límites impuestos por la dirección peronista, puso en pie comisiones internas y cuerpos de delegados anti-burocráticos y dio brío a las tendencias clasistas en el movimiento obrero para combatir al capital y al imperialismo.

El discurso radicalizado de Perón respondía a esa realidad. Para contener a la marea juvenil que buscaba un camino a la revolución era necesario seducirla con un lenguaje socializante. Montoneros y la Juventud Peronista, creyeron posible forzar a Perón, sin embargo, fue el general, quien forzó a los Montoneros a aceptar el golpe de palacio de la derecha contra Héctor Cámpora luego de la masacre de Ezeiza organizada por la Triple A; quien los obligó a callar sus críticas al Pacto Social; quien los humilló públicamente por televisión y luego los insulto en Plaza de Mayo llamándolos “imberbes y estúpidos” mientras enaltecía a los burócratas sindicales como dirigentes “sabios y prudentes”. Fue Perón quien los señaló como blanco de las bandas terroristas de la Triple A.

El balance de Walsh ¿Todos unidos triunfaremos?

La historia mostró como muerto Perón, el gobierno de Isabel y López Rega intentó llevar adelante la aniquilación de la vanguardia militante de los trabajadores y la juventud. Ante la bancarrota económica, el gobierno peronista quiso aplicar en junio de 1975 un plan de ajuste liberal pergeñado por Celestino Rodrigo. El mismo fue derrotado por una huelga general política cuyo motor fueron las coordinadoras interfabriles que agrupaban a las comisiones internas y cuerpos de delegados anti-burocráticos que actuaban como una suerte de embrionario doble poder fabril en el corazón de la industria.

La derrota del lópezrreguismo y la incapacidad de la burocracia sindical y el peronismo de contener la lucha de clases, es lo que empuja a la burguesía a la salida del golpe genocida.

La insurgencia obrera en el corazón de la industria

Fue en este momento que Montoneros dedujo que el peronismo estaba en crisis y que para superarlo había que hacer un peronismo paralelo, el llamado “Peronismo Auténtico”. Walsh considerara en sus críticas a la dirección montonera, ya bajo la dictadura, que “el punto crítico a partir del cual se decretó el agotamiento del peronismo fueron las movilizaciones contra el Rodrigazo. Allí parecía efectivamente que la clase obrera, al combatir contra un gobierno peronista, firmaba el acta de defunción del movimiento peronista”.

Walsh sostiene que se trató de un error porque "si nosotros pensamos que la crisis del capitalismo es definitiva, no nos queda otra propuesta política que no sea el socialismo más o menos inmediato, acolchado en un período de transición, y esa propuesta contribuye a relegar el peronismo al museo". La salida de fuerza del genocidio fue una demostración de que se trataba de un momento catastrófico para el capitalismo criollo y que para la clase obrera la no superación del peronismo por la política de sus direcciones significó una derrota sangrienta. Sin embargo, Walsh, insistirá en que para resistir había que replegarse hacia “el peronismo, y que la única propuesta aglutinante que podemos formular a las masas es la resistencia popular, cuya vanguardia en la clase trabajadora debe ser nuevamente la resistencia peronista”, es decir reconstruir la fuerza política responsable de la derrota.

Rodolfo Walsh y Montoneros

Capitulación progresista

Muy lejos del gran Rodolfo Walsh y de los obreros de la resistencia, que luchaban al grito de “patria sí, colonia no”, la militancia kirchnerista y el progresismo, hoy salió a respaldar el impuesto a las grandes fortunas, lo hizo al costo de avalar a su vez un presupuesto dictado por el FMI.

La burocracia sindical que hoy gana las calles a favor de un presupuesto que ajusta a los jubilados, y liquida el IFE para millones de trabajadores, fue la misma que intentó vaciarlas y se negó a convocar a la huelga general cuando los trabajadores y el pueblo salimos el 14 y 18 de diciembre del 2017 a enfrentar la ley macrista de reforma previsional.

CFK sacó la conclusión que era peligroso ganar las calles y llamó a construir un frente común, con Sergio Massa, los gobernadores peronistas y el propio Alberto Fernández que fueron, en el anterior gobierno derechista, voceros de la moderación frente a Cambiemos, cuando no piezas fundamentales para que pudieran gobernar.

El “mal menor” frente al macrismo, una vez constituido, pronto mostró su voluntad de no sacar los pies del plato del régimen del FMI que vino a imponer la derecha argentina.

El gobierno de Alberto Fernández y CFK cedió a los empresarios durante toda la pandemia; capituló frente a la oligarquía con Vicentin; se rindió ante los bonistas concediéndoles 17 mil millones más sobre la oferta original; arrugó frente al apriete de la Policía Bonaerense a la que acusaban de golpista y de haber reprimido a los sin techo en Guernica en defensa de la propiedad privada. Este martes, en el Congreso quedó claro que el peronismo en el gobierno de Alberto Fernández y CFK, es el instrumento, como en 1975 y en los ‘90 con el menemismo, de un ajuste fondomonetarista.

El balance histórico y presente del peronismo muestra que la clase obrera y la juventud deben militar por su emancipación y la de todo el pueblo oprimido y no por los partidos defensores de la propiedad privada, la plusvalía del patrón y el régimen del FMI.






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