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COPA LIBERTADORES

En un partidazo, River se despidió de la Libertadores con la frente alta

El equipo de Gallardo dominó todo el partido y se impuso por 2-0 ante Palmeiras en un gran nivel. Pese a las polémicas en el VAR, los paulistas están en la final de la Copa.

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Miércoles 13 de enero

Borré se apura a seguir jugando luego de convertir el 2-0. Foto: sitio de Conmebol.

River se va de esta edición de Copa Libertadores revalidando lo que conquistó con títulos y resultados: lo de Núñez son el mejor equipo del continente por su nivel de juego. Tenía una misión casi imposible: convertir al menos 3 goles en el estadio Allianz Parque. Estuvo a las puertas de lograrlo y aunque el VAR estuvo ajustado al reglamento, dejó un sabor amargo porque el 3-0 era el resultado que le hacía justicia a la serie. Sobre todo, el gol anulado a Gonzalo Montiel por una posición adelantada casi imperceptible de Montiel en una instancia previa de la jugada. No pudo ser, pero River se retira con el orgullo intacto y la seguridad de que en el ciclo Gallardo logró conquistar la famosa mística copera que hace que los grandes equipos se metan en la historia grande de la competencia.

River lo buscó de entrada y la contracara fue este Palmeiras timorato, amarrete, que esperó y por momentos desesperó. Está en la final -esperando a que mañana se defina si Santos o Boca será su rival- pero casi sin mayor mérito que el oportunismo con el que superó al equipo del Muñeco en Avellaneda.

Abrió el marcador Rojas a los 28 minutos de la etapa inicial con un cabezazo magistral, un frentazo con algunas reminiscencias del gol del Tata Brown en la final de México 86. Ese gol le dio impulso y encendió la fe del plantel riverplatense.

El empuje le permitió a Rafael Santos Borré coronar la búsqueda, tras centro de De La Cruz que no pudo conectar Suárez y que el colombiano con su olfato goleador aseguró para el 2-0. Faltaba un empujoncito más.

Para el segundo tiempo, River se llevó literalmente por delante a Palmeiras. Lo tenía contra las cuerdas. Pero en las jugadas polémicas, en los parates para la revisión del VAR, el equipo local fue encontrando respiro. River no bajó la intensidad y tampoco significaron golpes anímicos el gol de Montiel anulado (casi imperceptible posición adelantada en el movimiento anterior), la expulsión de Rojas por doble amarilla (una maniobra torpe del central que no merecía tanta severidad), el aparente penal a Borré. El partido se paraba a cada rato, los veredictos eran en contra, pero River seguía y seguía. No se notaba la superioridad numérica de Palmeiras que con un jugador más igual destilaba inseguridad.

Pero el tiempo no le alcanzó a los de Gallardo, estuvo tan cerca como ese remate furioso que pegó en el palo y no entró. A las puertas de una clasificación a otra final (hubiera sido la tercera consecutiva), River se quedó en el umbral. Será hasta otra oportunidad porque toda América sabe que este club se propuso ser protagonista de la gloriosa Copa Libertadores.






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