Argentina

HOMENAJE A MIGUEL LAGO

La histórica huelga del Astillero Río Santiago en 1995 y la pluma que inclinó la balanza

La huelga de 1995, en defensa de los 13 delegados que habían sido despedidos, marcó un verdadero hito en la historia del movimiento obrero argentino. Hoy es necesario revalorizarla para el aprendizaje de las nuevas generaciones obreras y juveniles que van camino a realizar una nueva experiencia con el peronismo en el Gobierno. El importante rol de la célula obrera del PTS y el crucial papel de Miguel Lago, uno de los despedidos, en defensa del Cuerpo de Delegados por sección.

Walter "Pata" Moretti

@patamoretti

Lunes 11 de enero | 21:14

Todo comenzó en 1995. Duhalde (por entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires) y su Directorio utilizaron la excusa de la realización de una asamblea “no autorizada”, que había sido convocada por la conducción seccional de ATE Ensenada. Por esa razón, decidieron suspender a 200 trabajadores. Entre los años 1993 y 1995 el Astillero atravesaba una marcada pasividad en su larga historia de lucha en defensa de su fuente de trabajo.

Duhalde había decretado la provincialización del Astillero, abriendo expectativas en amplios sectores de la fábrica, pero el decreto del gobernador no era más que el primer paso hacia la privatización y el despido de unos 800 trabajadores. Para avanzar en ese ataque era necesario avanzar en la liquidación del Cuerpo de Delgados por sección, una enorme conquista existente desde el año 1985. El antiobrero diario “El Día” de La Plata festejaba que “los obreros habían arrojado sus cascos al aire ante el anuncio”.

Apoyado en el coyuntural parate de la resistencia obrera, Duhalde dio un primer zarpazo el 20 de septiembre de 1995 despidiendo a 13 delegados entre los que se encontraban especialmente todos los delegados pertenecientes a los partidos de izquierda (PTS, MST, PO y PCR).

Duhalde y su error de cálculo

Pero para ese entonces la situación del país comenzaba a cambiar. El ataque de Duhalde no coincidía con la nueva relación de fuerzas que abrió el paro nacional convocado por la CGT y la enorme lucha en respuesta al asesinato del obrero metalúrgico Víctor Choque. Un año más tarde se profundizaría con la caída de Cavallo, el inicio de una profunda recesión y el primer levantamiento en Cutral Co, las movilizaciones de los estatales del interior que se extendían y los distintos paros provinciales que se imponían contra el ajuste.

Coincidente con ese profundo proceso, los obreros del Astillero Río Santiago retomaban la lucha que venían desarrollando años anteriores. Otra vez se colocaban a la vanguardia del enfrentamiento al menemismo, a través de consolidar una inédita unidad con los contratados para reincorporar a los delegados despedidos y defender la enorme conquista que significaba el Cuerpo de Delegados por sección: una organización que imponía la representatividad y la democracia de las bases en muchas de las secciones más importantes de la planta y contra la cual se había conjurado el Gobierno para allanar el camino hacia sus planes privatizadores.

Los dirigentes de ATE, por su parte, buscaban eliminar una organización que aparecía como una amenaza para mantener su control burocrático, en un bastión obrero que se convirtió en una vanguardia en la lucha contra los planes neoliberales de Menem y Duhalde y que logró derrotar su plan de privatizarlo.

El cuerpo de delegados por sección, una vieja conquista atacada por los dirigentes de ATE Ensenada desde el comienzo

En el año 1984, bajo el gobierno de Alfonsín, se inicia la “reorganización sindical”. En ATE la Lista Verde, encabezada por Víctor De Gennaro, se imponía a nivel nacional, mientras que en la seccional Ensenada la conducción quedó en manos de la Lista Blanca (un desprendimiento de ocasión de la vieja Azul y Blanca que había colaborado con la dictadura).

Meses después, esta “nueva” Directiva Seccional propone la elección de un delegado cada 100 trabajadores, tal como imponía la ley vigente y cambiando lo que indicaba la propia tradición del Astillero: una maniobra para quitarle poder de fuego, convertirlo en una pieza decorativa y separar a los delegados de la base. Por aquel entonces en el Astillero trabajaban más de 2 mil trabajadores aproximadamente. Pero el plan de la burocracia local no pasó y finalmente se impuso un cuerpo de delegados integrado por 60 delegados titulares y unos 40 suplentes, votados en elecciones realizadas en cada sección.

Podemos señalar, sin temor a equivocarnos, que ese primer combate por defender el cuerpo de delegados por sección (una tradición que venía de los años 70 y que había sido barrido por la dictadura militar, cuando la Armada Nacional actuaba impunemente adentro de la planta) fue el inicio del “hilo rojo” del PTS en el Astillero Río Santiago. Miguel Lago fue un tenaz impulsor y defensor del Cuerpo de Delegados desde el comienzo.

La lucha contra el despido de los 13 delegados

El intento de despedir a 13 delegados en 1995 buscaba liquidar nuevamente aquel Cuerpo de Delegados. Ahí fue donde “Laguito” volvió a jugar un papel decisivo. Aquello no fue casual, no era parte de una mera táctica sindical. Su lucha por defender el Cuerpo de Delegados estaba en consonancia con una práctica del PTS que, con los años, se afianzaría como una característica propia de nuestra organización y que se corresponde con una concepción teórica, retomando la defensa de la autoorganización de los trabajadores. La pelea por defender el Cuerpo de Delegados estaba relacionada a aquella visión estratégica y Miguel Lago expresaba esa integridad revolucionaria.

El despido de los 13 delegados despertó una inmediata resistencia obrera. “Los delegados son la cabeza dentro del Astillero y si nos sacan la cabeza, el cuerpo no existe” declaraba en aquel entonces un trabajador.

A partir de los despidos, el Astillero se paralizó de hecho con los trabajadores en sus puestos de trabajo, mientras los delegados despedidos se mantenían en el portón. Los dirigentes de ATE buscaban aterrorizar a los trabajadores, pero no pudieron impedir que unos 800 se dispongan a movilizarse al portón para unirse y garantizar el ingreso de los despedidos. Se realizó una asamblea y las agrupaciones de izquierda junto a unos 300 trabajadores impulsaron la toma de la fábrica, pero los dirigentes de la Azul y Blanca (que había vuelto a obtener la conducción de la seccional) terminaron imponiendo continuar el paro en los puestos de trabajo. Fue entonces que se votó convocar a las organizaciones de la región a movilizarse al portón y rápidamente las carpas solidarias poblaron la entrada de la fábrica.

A la mañana siguiente los trabajadores llegaron más temprano que nunca y se concentraron en el portón junto a las organizaciones solidarias y al propio De Gennaro, que había viajado hasta Ensenada para tomar la posta de la repudiada Azul y Blanca. Todos terminaron marchando al interior de la planta, con los delegados despedidos al frente. El paro se convirtió en total.

A la par, Duhalde desplegaba una fuerte campaña contra los trabajadores y estos decidieron movilizarse a la ciudad de La Plata para hacer conocer su verdad.

Frente a la demostración de fuerzas y la creciente solidaridad que se extendía en toda la región, Duhalde reforzó su campaña antiobrera: “El que no quiere trabajar que se vaya, el Astillero no puede ser de los gremialistas”, aseguró. Además, intentaron incorporar rompehuelgas y el Directorio exigía que se dicte la conciliación obligatoria.

De Gennaro entró en acción llamando a considerar la conciliación “como un arma al servicio de los trabajadores” pero a diferencia de la conducción seccional, propuso mantener el paro. Una maniobra para aceptar la conciliación con los 13 delegados en la calle. Luego de imponer la conciliación, el propio De Gennaro impulsa que se levante el paro y crecieron las expectativas en la negociación, mientras el Directorio avanzaba con descuentos a unos 200 trabajadores que habían sido suspendidos días antes y mantenía su propuesta de solo reincorporar a 3 de los 13 delegados despedidos.

Miguel Lago, “la pluma que inclinó la balanza”

De Genaro había llevado la lucha al borde del abismo y la confusión comenzaba a reinar. El PTS y la lista Marrón impulsaban el rechazo a aceptar la conciliación sin la reincorporación de los delegados. Denunciaba que se quería imponer una negociación desventajosa cuando la relación de fuerzas jugaba a favor. Se opuso a que se aceptara de un plumazo la propuesta del directorio.

Esta pelea se apoyaba en el activismo que se mantenía firme en su voluntad por reincorporar a los 13. En la sección soldadura, la más grande de la fábrica y una de la más combativas, Miguel Lago fue su principal delegado durante años. En ese momento, un grupo de trabajadores con antigüedad en el Astillero fueron contundentes al decirle: “A vos te sacan muerto de acá, nosotros te bancamos”.

Mientras tanto, ATE convocaba a una reunión de delegados con los despedidos incluídos, para informar sobra la situación de las negociaciones con el Gobierno. Eran momentos decisivos y la situación tenía una perspectiva oscura. En su momento lo definimos como el “jueves negro”.

La reunión reflejaba la tensión que existía y luego de varias intervenciones le tocó el turno a Miguel. La contundencia de sus palabras retumbaron en todo el salón de ATE Ensenada: “Si la lucha la perdemos porque las fuerzas no dan, perfecto, yo me la banco. Pero si alguien nos traiciona… si mi hija chiquita llega a pasar hambre porque nos traicionan, yo me voy a cargar a uno”. Se hizo un silencio sepulcral y el propio De Gennaro levantó la reunión. Las palabras de "Laguito" demostraron la decisión y la voluntad revolucionaria de quienes estaban dispuestos a llevar la lucha hasta sus últimas consecuencias. Fue en ese momento que el dirigente de ATE comprendió que los 13 despidos no pasaban, y fue corriendo a hablar con Duhalde para ponerlo al tanto de que había que dar marcha atrás. Los 13 delegados eran reincorporados. Como señaló el compañero Manolo Romano, quien me inspiró a relaizar esta nota, Miguel Lago era "el más duro entre los duros".

Del “jueves negro” se pasó al viernes del triunfo. Desde la madrugada se empezó a conocer que los 13 delegados eran reincorporados. Los festejos y las caravanas inundaron las calles de Ensenada y la fábrica estalló. Los trabajadores ganaban un importante primer round y parafraseando a nuestro maestro León Trotsky, Miguel se había convertido en “la pluma que inclinó la balanza” a favor de aquel triunfo obrero.

Posteriormente, en un Congreso Nacional de ATE, se cambiaron los estatutos estableciendo la elección de Juntas Internas a través de listas sábanas para enterrar la experiencia del Cuerpo de Delegados por sección. Pero esta nueva maniobra burocrática fue también enfrentada por los trabajadores. En el año 2004 se impulsó la Lista Negra, la lista de los activistas que seguían defendiendo el Cuerpo de Delegados por sección, donde los candidatos se elegían en cada sección y sobre esa base se conformaba la lista, para esquivar la política proscriptiva y antidemocrática de los dirigentes de ATE. La Lista Negra obtuvo un amplio triunfo y otra vez más lo encontró a Lago en la primera línea.

La huelga del 95 nos deja enseñanzas claves para el presente y el futuro por venir. Y Miguel Lago nos dejó un legado que es fuente de inspiración para ser imitado por las nuevas generaciones de la vanguardia obrera y por las direcciones combativas y antiburocráticas actuales.






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