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Los dueños de la tierra: ¿quiénes son los Anchorena?

La columna de historia en Alerta Spoiler te cuenta algunos datos de una de las familias más ricas del país. Que desde la colonia hasta la última dictadura se beneficiaron del estado.

Lunes 29 de junio | 11:42

Los Anchorena: una historía de matanzas y regalos del Estado. - YouTube

el otro día hablamos de algunos personajes bastante terribles del colonialismo europeo. Pero el caso Vecentin, que implicó hablar un poco de “quienes son los dueños de la tierra”, me hizo pensar que sería bueno comentar algo sobre los “socios locales” de aquellos imperialistas. La tan mentada “burguesía nacional”. Y me gustaría hablar hoy de una de las familias tradicionales del empresariado criollo: los Anchorena.

  •  Su historia comienza antes de la revolución de mayo con Juan Esteban, que arribó a Buenos Aires hacia 1751. Al parecer con poco capital, pero lo cierto es que ya hacia fines de 1700 era uno de los comerciantes más ricos del virreinato. El eje de la actividad de mercaderes como Anchorena consistía en la importación de bienes europeos que luego eran comercializados a través de una red de asociados en los mercados urbanos que unía el puerto de Buenos Aires con los prósperos distritos mineros del Alto Perú. Recordemos que en ese entonces existía aun monopolio comercial con España. Con lo cual Juan Esteban era un poco amigo de la corona y un poco amigo del tráfico ilegal.
  •  Con la apertura comercial de después de la revolución los Anchorena se beneficiaron muchísimo. Empezaron a acopiar cuero, tener acciones en Londres y ocupar tierras a bajo costo. Entre 1822 y 1826, Juan José y Nicolás se asociaron y colocaron bajo su dominio cerca de 400 000 hectáreas en las tierras de frontera de la provincia de Buenos Aires. Cuando hablamos de la “frontera” hablamos sobre todo del sur de la provincia, donde los estancieros masacraban a las poblaciones indígenas que aun poblaban el territorio. Claro, para incursionar en este terreno completamente desconocido, los Anchorena recurrieron a su primo Juan Manuel de Rosas.
  •  Fíjense que compenetrados que estaban con la tierra y con la cultura agrícola que ninguno de los tres visitó jamás ninguna de sus vastas propiedades en la campaña, a las que sólo conocieron por las descripciones que les ofrecían sus administradores. A la vez que dirigían parte de sus activos hacia la tierra, también realizaban inversiones de similar magnitud en bienes de renta urbana. Estos dos nuevos destinos de inversión, más que eliminar, convivieron con negocios en el comercio y el préstamo. Y pensemos que importante esto: En 1885 se debían 149 millones de pesos. El 40% de todos los ingresos se destinaban a pagar deuda. En 1877 el presidente Avellaneda sintetiza la situación como “Ahorrar sobre la sangre y la sed del pueblo para pagar a los acreedores extranjeros”.
  •  La aceleración del crecimiento se benefició del fortalecimiento experimentado por las instituciones estatales en las décadas posteriores a la llegada de los liberales al poder en 1852, que aseguraron los derechos de propiedad de los capitalistas nativos y los inversores extranjeros, y favorecieron el desarrollo de la economía de mercado. En efecto, las campañas militares de la década de 1870 pusieron fin a la presencia indígena, incorporando más de 20 000 000 de hectáreas de bajo precio y dotando a la propiedad del suelo de una sólida garantía estatal. Siete años antes de morir, Juan de Anchorena contaba con una importante cantidad de fincas urbanas, 24 en total, casi todas ellas heredadas. El grueso de sus recursos, sin embargo, estaba en la campaña, donde poseía más de 1 000 000 de hectáreas. En ese enorme patrimonio rural pesaban las 800 000 que había adquirido en los nuevos territorios que el Estado había saqueado a los indígenas
  •  La cuestión es que los Anchorena ya para ese entonces podían vivir como rentistas de la tierra: Los encantos de la vida del rentista sedujeron a miembros varones de la familia y algunos de ellos se destacaron porque sus enormes recursos les ofrecieron la posibilidad de ocupar un lugar preeminente en el alto mundo social, no sólo en Argentina sino también en el continente europeo. Uno de los nietos de Nicolás Anchorena, Fabián Gómez de Anchorena, empleó su dinero como llave de entrada en la alta sociedad española en las décadas de 1870 y 1880. Formó parte del séquito del futuro Alfonso XII.
  •  Vayamos un poquito más adelante en el tiempo. En 1918 nos volvemos a encontrar con los Anchorena. La célebre huelga de Vasena que dio origen a lo que posteriormente dio en llamarse "la semana trágica", se vio duramente agravada por la injerencia de la Asociación Nacional del Trabajo (famosa reclutadora de carneros) , una asociación empresaria que temia por la revolución Rusa, y que fue promotora de la Liga Patriotica. ¿Quién estaba ahí? Joaquín de Anchorena, uno de los descendientes de Nicolás, quien poco tiempo después seria presidente de la sociedad Rural argentina. También fue presidente del Jockey Club en dos oportunidades: entre 1922-1923 y 1958-1959.
  •  Miren que conectada que estaba la familia con el estado que el Palacio Anchorena, hasta en 1936 fue adquirido por el gobierno argentino y se convirtió en la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, pasándose a llamar Palacio San Martín. En el año 1993 se inauguró el Edificio Cancillería (Buenos Aires), un moderno edificio para el funcionamiento de ese Ministerio, quedando el tradicional palacio como la sede ceremonial de la Cancillería Argentina.
  •  Vayamos una generación mas. Nos encontramos con Tomás Joaquín de Anchorena. ¿A que se dedicó? Entre junio de 1969 y abril de 1970, fue Subsecretario de Agricultura y Ganadería de la Nación, bajo la presidencia de facto de Juan Carlos Onganía. En 1976, el presidente de facto Jorge Rafael Videla lo designó embajador en Francia, integrando un grupo de civiles que ocupó cargos diplomáticos durante la dictadura. En el cargo, calificó las denuncias por violaciones de los derechos humanos contra el Proceso realizadas en Europa, como una «campaña de desprestigio contra la Argentina».
  •  Como vemos, una tradición digna ser tirada por los aires. El otro día hablábamos de las estatuas, bueno, hoy está lleno de calles, plazas, monumentos Anchorena, etc. Estaría bueno ponerlo en la lista de los que vamos a tirar.




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