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La Izquierda Diario
22 de septiembre de 2020 Twitter Faceboock

CONTRAPUNTO
“Frankisstein”, el sueño cibernético del moderno Prometeo
Eduardo Nabal | Burgos | @eduardonabal

“Frankisstein”, la última gran novela de Jeanette Winterson, es un brillante y complejo ejercicio de meta-literatura que engancha al lector desde el comienzo en las redes de sus atronadoras páginas.

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La autora empieza con la famosa reunión de talentos literarios en “Villa Diodati” donde Mary Shelley, adelantándose a su tiempo, comenzó a idear su gran novela: “Frankestein o el moderno Prometeo”. Pero enseguida pasamos a un futuro hipotético en el que unos personajes viven en un mundo hiperbólico, dominado por la informática y por el sueño inseguro de que los robots puedan llegar a sustituir a los seres humanos. Un futuro, quizás, no tan lejano en el que se atisba la dependencia de las gentes de las nuevas tecnologías y la capacidad de éstas para dominar nuestra existencia cotidiana, desde el trabajo a las relaciones sociales.

La autora maneja con soltura la psicología de sus personajes y, a través de una narrativa ágil, nos traslada a través del tiempo para hacer un estudio no exento de emociones de la “vida artificial” y “los sueños de la razón que producen monstruos”. De los poetas románticos del XVIII y una Inglaterra marcada por la revolución industrial y las revueltas sociales pasamos a una modernísima y algo prepotente empresa informática donde un ingeniero aventajado, llamado Víctor, trata de devolver la vida a los cráneos humanos, utilizando los mismos restos de cadáveres que usó siglos atrás el doctor Frankestein.

Winterson describe con humor, ironía y sensualidad ese mundo artificial donde casi todos se comunican en el espacio virtual y discuten en congresos y conferencias sobre el futuro de sus experimentos con la más avanzada técnica que ha llegado a producir un futuro incierto. Junto a Víctor y sus hallazgos trabaja el joven Ry, un transexual masculino que sirve de hilo conductor a través de las fluctuaciones de la acción en un mundo de apariencia futurista pero donde no se han erradicado ni el sexismo, ni la transfobia, ni el racismo ni la pobreza.

Todos, como a su modo y en su tiempo Mary Shelley, sueñan con crear sus propias criaturas dotadas de autonomía y sorprendentes cualidades que los rediman de una realidad prosaica y en ocasiones sórdida, así como de la amenaza de la desaparición y la muerte.

Winterson dibuja con inteligencia los tiempos de la escritura con papel y pluma de Shelley superponiéndolos a una era lejana donde todo es cibernético y se investiga para mejorar en ese sentido las posibilidades de la vida artificial y sus ganancias. Pero la autora nos conduce por otros panoramas poco tranquilizadores del paisaje inglés de distintas épocas, como ese ominoso manicomio de “Bedlam” donde los enfermos mentales eran maltratados y donde reaparece, por sorpresa, el mismo doctor Víctor Frankestein.

En este juego de cajas chinas, entre literatura y vida, la escritora se mueve con soltura, sin ningún tropiezo, a pesar de la variedad de escenarios y situaciones, reales y ficticias, en las que transcurre la acción que no cesa de indagar en los sentimientos encontrados entre lo humano y lo artificial, la vida y la muerte. “Frankisstein” tiene todo el sello de su autora, con su mezcla de relato histórico, historias de amor y ciencia-ficción, con su exposición valiente de los dilemas de género y con la aparición de personajes que hacen del libro un todo compacto. Es el caso de Ada Lovelace, hija de Lord Byron, la joven que ideó con su telar el primer sistema en el que se basó posteriormente la moderna informática.

Con ese estilo elegante, sarcástico y mordaz que caracteriza sus mejores obras, Winterson es capaz de bucear tanto en las dolorosas emociones de Mary Shelley (ninguneada, al principio, por sus contemporáneos) como en los vericuetos afectivos de Ry, ese transexual que intenta averiguar hacía donde quiere llegar su maestro y amante en sus ambiciosos experimentos con lo humano y la robótica.

Alegato en favor de la disidencia y la creatividad, la última novela de Winterson es algo más que un experimento, es una lúdica, apasionada y sensible inmersión en las vidas de distintos personajes marcados por su cambiante circunstancia socio-histórica. Winterson, ya un icono de la literatura lésbica y queer, prosigue su periplo como escritora al indagar el las entrañas, las luces y las sombras de esa Inglaterra que la vio nacer y crecer y donde luchó por abrirse camino al igual que sus atribulados personajes.

 
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