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A 21 años de la renuncia de Chacho Álvarez: el centroizquierdismo y el ajuste, ayer y hoy

"El 6 de octubre del 2000, la decisión del lider del FrePaSo dejó una profunda crisis en el gobierno de la Alianza que encabezaba Fernando De la Rúa. La reciente crisis del Frente de Todos y la intervención de Juan Manzur y el PJ al frente del gobierno nacional, recuerda ese momento en el que la centroizquierda elevaba como salvador a Domingo Cavallo".

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Martes 5 de octubre | 21:33

El 6 de octubre del 2000 renunciaba a la vicepresidencia Carlos "Chacho" Álvarez, dejando en una profunda crisis al gobierno de la Alianza, que encabezaba Fernando De la Rúa. La reciente crisis del Frente de Todos, y la intervención de Juan Manzur y el PJ al frente del gobierno nacional, recuerda aquella crisis donde la centroizquierda elevaba como salvador a Domingo Cavallo.

La renuncia de Chacho Álvarez tuvo como motivo fundamental la confirmación, en su puesto del ministro de Trabajo, el frepasista Alberto Flamarique, quien era acusado de sobornar a los senadores del PJ para que votaran una ley de flexibilización laboral, del estilo de las que predica la derecha argentina por estos días.

Fue la llamada “Ley Banelco”, porque Flamarique le habría dicho a Hugo Moyano que a los senadores los compraba con la Banelco. Esto concitó el rechazo activo de los trabajadores, quienes habían protagonizado tres paros generales en oposición a la misma en febrero, mayo y junio del 2000.

La burocracia sindical se dividió. "Los gordos", encabezados por Rodolfo Daer, apoyaron la reforma laboral tal como hace ahora la burocracia del SMATA, mientras que los líderes de camioneros, colectiveros y judiciales encabezaron la resistencia contra la misma. Sin embargo, al poco tiempo fueron diluyendo su oposición y permitieron que se aprobara en el Senado sin convocar a un paro general y a un plan de lucha frente a su votación.

Salvar al gobierno con Domingo Cavallo

La oposición de Álvarez no era hacia la normativa flexibilizadora de las relaciones laborales, sino a los sobornos como medio de conseguirla. El FrePaSo y la Alianza habían hecho del discurso de la honestidad pública su caballito de batalla y se ponía en juego su legitimidad política. Pero además, La UCR y De la Rúa ningunearon al vicepresidente en lo que se presentaba como una oxigenación del gabinete, poniendo al banquero Crhystian Colombo como jefe de los ministros.

La renuncia de Chacho fue un golpe a la credibilidad de la Alianza en el poder en medio de una crisis monstruosa provocada por el agotamiento de la etapa menemista y del Plan de Convertibilidad, que sometió al país a un saqueo brutal por parte del FMI y el capital financiero.

Cuando la causa de los sobornos fue a juicio, donde todos quedaron impunes, Álvarez había explicado a De la Rúa: "Mi renuncia lo liberaba a usted de cargar con el tema de los sobornos, tenía que sacarlo de la opinión pública", y sostuvo además que "si me hubiera quedado en el Gobierno se hubiera radicalizado el problema". La evidencia de ello fue que ninguno de los dirigentes del FrePaSo que integraban el gabinete, renunció a su puesto. Chacho se replegó a las sombras para garantizar la gobernabilidad.

En marzo del 2001, el actual candidato derechista de la coalición Juntos, Ricardo López Murphy, fue nombrado ministro de Economía para llevar adelante un ajuste con el fin de mantener la Convertibilidad y pagar al FMI. El plan contemplaba un brutal ajuste fiscal por U$S 2000 millones, con la eliminación de ayuda a productores rurales, el despido de 40.000 empleados públicos, recortes en las indemnizaciones por despido, en el presupuesto educativo y en el financiamiento de las universidades públicas y de parte del Banco Nación.

Sin embargo, fue derrotado por el enorme rechazó social que, a su vez, abrió una nueva etapa en la crisis política del gobierno aliancista con la renuncia masiva de ministros. En ese momento, Chacho Álvarez reapareció para garantizar la continuidad de la política de ajuste y el sometimiento al saqueo del capital financiero, proponiendo y elevando al rango de ministro de Economía, casi con superpoderes, al creador de la convertibilidad, Domingo Felipe Cavallo.

Salvar al Gobierno con Manzur

La disputa pos PASO entre Alberto Fernández y su vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner trajo el fantasma del Chacho y la ruptura de la coalición. Pero, en este caso, la vicepresidenta decidió quedarse en su lugar y promover el rescate del Frente de Todos y su gobierno elevando a un hombre de la derecha feudal peronista como jefe de Gabinete, Juan Manzur, y sosteniendo al ministro Martín Guzmán a quien acusaba en su misiva de llevar adelante un ajuste para cumplir con el FMI. Al igual que Álvarez en su momento, CFK decide salvar a un gobierno ajustador, promoviendo la profundización del ajuste y elevando a la derecha peronista a la dirección del mismo.

El giro neo-duhaldista acordado entre Alberto y Cristina implica una renuncia explícita al discurso legitimante del Frente de Todos y el malmenorismo que caracterizó la campaña contra Mauricio Macri en el 2019 y las justificaciones de las continuas capitulaciones a la oligarquía, el FMI y los grandes empresarios durante toda la pandemia. Un giro político celeste, pro oligárquico y represivo. Es el reconocimiento de que sólo profundizando en una línea de ajuste y de concesiones a los factores de poder se puede sostener al gobierno del Frente de Todos. Como muestra bastan los anuncios del levantamiento del cepo a la carne y la baja de los derechos de exportación con que Manzur, Alberto y CFK relanzaron la campaña electoral.

Centroizquierdismo noventista

Chacho Álvarez surge como figura política en el Grupo de los 8, que, luego de haber hecho campaña por Carlos Menem en 1989, abandona el peronismo frente al giro neoliberal del menemismo. El Grupo de los 8 va a dar lugar primero al Frente Grande, que se consolidó como fuerza opositora al Pacto de Olivos entre Menem y Raul Alfonsín y más tarde el FrePaSo, que amenazaba al bipartidismo radical-peronista, por la profunda crisis que atravesaba la UCR.

Apoyado socialmente en la CTA y un sector de los movimientos de derechos humanos, el FrePaSo fue la principal fuerza política opositora al menemismo en los ‘90.

El centroizquierdismo frepasista se caracterizaba no por su oposición a una política anti-nacional, de entrega de los recursos al imperialismo y de ataque a los derechos de los trabajadores, sino por la defensa de la honestidad pública. Todo su programa se reducía a redistribuir el dinero de la corrupción, sin tocar las bases de la convertibilidad y el endeudamiento con el FMI.

En 1996 empieza a crujir el Plan Cavallo y se agotan las condiciones de la expoliación y el saqueo nacional que llevó adelante el menemismo como agente del imperialismo en nuestro país. En 1996 y 1997, diversas puebladas y levantamientos de los trabajadores desocupados en el interior del país (Cutral Co, PLaza Huincul, Libertador General San Martín) indican el comienzo de la gestación de una oposición social que gana las rutas y pone sobre el tapete la cuestión del desempleo enarbolando la consigna de “Trabajo para todos”.

Frente al fantasma de choques violentos y la emergencia de la lucha de clases en la fase final del menemismo, se constituye "La Alianza", un acuerdo entre el FrePaSo y la UCR cuya finalidad fue garantizar un desvío electoral que pusiera coto a la creciente movilización social. El centroizquierdismo frepasista se prestó así al rescate de una de las fuerzas del Pacto de Olivos, el radicalismo, erigiendo como candidato al conservador Fernando De la Rúa. La Alianza se presentaba como una versión del "Hay 2019" (en ese entonces hay 1999) del Frente de Todos, ante la debacle del neoliberalismo.

Luego de la asunción del nuevo gobierno, una de sus primeras medidas fue ordenar el desalojo del puente que une Chaco y Corrientes donde fueron asesinados dos manifestantes por las fuerzas federales.

El FrePaSo mantuvo hasta el final los pies dentro del plato del gobierno aliancista, incluso cuando los saqueos en el interior del país y el Gran Buenos Aires comenzaban la gran rebelión popular del 19 y 20 de diciembre del 2001 que terminó echando a patadas al presidente Fernando De la Rúa.

Centroizquiredismo K

Los náufragos del FrePaSo recalaron mayormente en el kirchnerismo, como el propio Chacho Álvarez que ocupó puestos diplomáticos en el Mercosur. Allí confluyeron con ex menemistas, como Alberto Fernández o el matrimonio Kirchner, duhaldistas y la burocracia sindical que había apoyado la Ley Banelco, para reconstruir al peronismo, que había llevado adelante un gran saqueo nacional al servicio del imperialismo, como partido de la contención y detrás de él a todo el régimen político que durante el 2001 y el 2002 había sido impugnado por las asambleas populares, las fábricas recuperadas y los movimientos piqueteros.

Si la característica del frepasismo fue sostener la convertibilidad y la sumisión del país al FMI, la del kirchnerismo en sus gobiernos anteriores fue la de administrar la herencia neoliberal oficiando de pagadores seriales de la deuda externa contraída por la dictadura genocida y el menemismo y de sostener la precarización laboral, la pobreza estructural y avanzar en la entrega de los recursos mineros al extractivismo, reforzando el modelo de país atrasado y agroexportador.

Al igual que el FrePaSo en su momento, el kirchnerismo cumplió el papel de sostener al gobierno anti-popular y entreguista de Mauricio Macri, luego de que las movilizaciones contra la reforma previsional del 14 y 18 de diciembre del 2017 trajeran a las calles el fantasma de la rebelión social. El malmenorismo y su consigna de “Hay 2019” jugaron un rol de salvataje del macrismo y su ajuste.

El centroizquierdismo no combate a la derecha, sino que la rescata. La clase trabajadora, las mujeres y disidencias que reclaman por sus derechos, la juventud precarizada sin futuro, necesitan de una alternativa que convoque a la movilización y la lucha contra cualquier ataque a nuestros derechos y para que la crisis la paguen los grandes empresarios, los banqueros y los terratenientes, por el no desconocimiento soberano de la deuda y el reparto de las horas de trabajo, con un salario indexado por inflación para que haya trabajo para todos.

El Frente de Izquierda, que ha conquistado el lugar de tercera fuerza política nacional, es la única fuerza política que levanta esa perspectiva y que apuesta a derrotar en las calles a la derecha.






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