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#ClemenciaNoEsJusticia: protestas en Barcelona contra la visita de Sánchez que ha anunciado los indultos

Pedro Sánchez en el Liceu de Barcelona. En cartel, un intento claro de empezar a cerrar la crisis catalana con los indultos de los presos políticos del juicio del procés. Una medida que, aunque supone una mejora de la situación para los 9 presos encarcelados a raíz del 1-O, se hace para sellar el candado que niega el derecho a decidir y mantiene a otras 3000 personas con causas abiertas por el referéndum y las movilizaciones independientistas de los últimos años.

Lunes 21 de junio | 07:18

Foto: Esquerra Diari

El presidente del Gobierno ha argumentado los motivos que llevan a su Ejecutivo a conceder esta medida de gracia. Hasta 30 páginas por preso justificarán la medida de Moncloa.

En las últimas fechas se han ido sumando apoyos a los indulos. Tanto patronal, como sindicatos y hasta la Iglesia se han mostrado favorables a esta medida. No por prurito democrático, sino porque son conscientes del uso restaurador autónomico que el gobierno "progresista", en colaboración con el Govern de Pere Aragonés, quiere darle.

Ahora bien, si desde el Régimen del 78 se ponen de acuerdo para intentar acabar con las aspiraciones democráticas del pueblo catalán y cicatrizar como si nada las heridas del 1 de octubre y de la represión de los últimos años contra el pueblo catalá, no sucede lo mismo a pie de calle o entre amplios sectores del movimiento independentista.

Aunque ERC y Junqueras quieren vender estos indultos como una “victoria del independentismo” -parafraseando a Junqueras-, muchos sectores cuestionan el acuerdo por abajo que ha hecho posible esta medida.

La decisión viene tomada por quien fuera líder de la oposición durante los hechos de 1 de octubre y que avaló toda la represión de esas fechas. Por el mismo gobierno que, a través de la Abogacía del Estado, pidió cárcel por sedición. Por no decir que tras la sentencia del juicio farsa y las protestas que esta conllevó, fue quien al frente de la Moncloa dirigió la represión, junto a los Mossos de Torra y Aragonés, en las calles de Barcelona.

La medida es fruto de un intercambio de favores entre ERC y PSOE en el intento de ambos de afianzar la vuelta al autonomismo, y supone en lo inmediato un olvido absoluto de los otros 3.000 activistas independentistas represaliados en estos últimos años. La Amnistía queda enterrada bajo el decreto que se espera aprobar esta semana, lo mismo que el derecho a decidir del cual el gobierno "progresista" es tan enemigo como el de Rajoy.

Los actos de protesta de hoy han sido convocados por Poble Lliure, denunciando al Sánchez del 155 bajo el lema “clemencia no es justicia”. Pero falta señalar también a ERC y a Junts que desde hace años vienen paralizando y desactivando al movimiento democŕatico catalán. Precisamente una paralización y desactivación que permite las maniobras de Moncloa.

No hay medida de gracia que pueda venir de un Estado represivo, que metió en prisión a líderes políticos y sociales por llamar a las urnas. La amnistía es la única resolución que cabría esperar, tanto de los presos políticos como de los miles de activistas y luchadoras que han sido y están siendo víctimas de la represión del Régimen del 78. Y esta no llegará de mesas de negociación con Moncloa, sino con la movilización en las calles de Catalunya con la solidaridad de la clase trabajadora y sectores populares del resto del Estado.






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