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Después del escándalo de los exámenes presenciales nos quieren imponer docencia online

A pocos días de acabar los exámenes presenciales sin condiciones de seguridad y con aglomeraciones en las universidades se reabre el debate en torno a la enseñanza online o presencial. Debemos crear un movimiento estudiantil capaz de frenar los ataques de las autoridades universitarias que después de imponer exámenes presenciales quieren implementar una docencia totalmente online sin tan siquiera consultar al alumnado.

Miércoles 3 de febrero | 19:43

Recientemente la Junta de Personal Docente e Investigador (PDI) de la UAM lanzó un comunicado que no ha pasado sin revuelo entre el alumnado. En esta declaración de la Junta de PDI, en vistas a la situación sanitaria actual, denunciaba la falta de medidas de seguridad y de recursos de protección por parte de la UAM, haciendo especial hincapié en las mascarillas FFP2; exigiendo también la realización online de todas las actividades que hasta ahora son en forma presencial para “seguir el protocolo COVID”, hasta que, o bien descienda el número de contagios, o bien se dote de recursos de protección a todos los asistentes a las actividades presenciales.

Sin duda, es alarmante que en este comunicado no se mencione absolutamente nada sobre los exámenes presenciales realizados hasta ahora y la denuncia constante que el estudiantado de todo el Estado Español ha realizado a estos. Y es que, por supuesto que está bien exigir mayores recursos y materiales de protección, pero si no se señala la indignante situación que hemos vivido la mayoría del alumnado en este mes y los riesgos a los que nos hemos sometidos para ir a hacer sus exámenes, esta exigencia es muy insuficiente.

Además, apunta únicamente a medidas demasiado puntuales y limitadas, como dotar de mejores mascarillas a quienes asistan a la universidad, pero se olvida, por ejemplo, de que la mayor parte de los y las estudiantes y trabajadores acuden a las facultades en un transporte público atestado porque ni el Gobierno de la Comunidad, ni el Gobierno Central, han movido un dedo para reforzar el transporte público en el que viajamos diariamente. Tampoco, por supuesto, ninguna institución universitaria como la CRUE o el Ministerio de Universidades han hecho una sola exigencia o declaración al respecto. Otra exigencia bastante básica ausente del comunicado es la necesidad de contratar más personal, docente y no docente, para mejorar la limpieza y desinfección, poder dividir los grupos o agilizar servicios como las bibliotecas.

Pero lo más impresionante y hasta ofensivo para el estudiantado es que, ahora, después de casi un mes obligando a miles de estudiantes a acudir a exámenes presenciales en medio de una tercera ola de coronavirus y en mitad de la tempestad causada por la borrasca filomena pretenden cambiar la modalidad que se ha realizado en el anterior cuatrimestre, que ya era en buena parte online descendiendo aún más la calidad de la educación, a un formato totalmente a distancia y online. Es decir, después de sostener que no hay ningún riesgo para hacer los exámenes presenciales (a pesar de que todas sabemos que no es cierto), y de ignorar las protestas y movilizaciones del estudiantado, ahora se nos dice que la situación es incontrolable y es un riesgo ir a clases, por lo que se debe mantener una docencia online. Un auténtico caso de hipocresía.

Pero, entonces, ¿por qué se han hecho los exámenes presenciales? Parece que debemos revisar cuáles son las prioridades de las instituciones universitarias y del sistema en conjunto. Las autoridades universitarias se escudan en que mediante una evaluación a distancia no puede garantizar que se cumplan los criterios establecidos por los organismos de acreditación y de calificación, tales como la ANECA, dirigida por representantes de grandes empresas y rectores. Dicho de otra manera, en una pandemia mundial están más preocupados porque no copiemos en los inamovibles exámenes que en nuestra salud.

Es cada vez más claro que en este sistema educativo y en el modelo de universidad neoliberal son más importantes los exámenes, que se basan en que memoricemos datos para escupirlo más tarde, que la propia enseñanza y aprendizaje de los y las alumnas. Lo más importante para las autoridades universitarias es realizar ese trámite obligatorio llamado examen que mide nuestra capacidad de obediencia, premia la competencia y no fomenta nada nuestro espíritu crítico, cualidades que interesan que tengan los futuros trabajadores cualificados del capitalismo.

Pero exigir que se hubiesen cancelado los exámenes presenciales para buscar una alternativa segura no es incongruente con exigir docencia presencial. De hecho, desde contracorriente, estamos totalmente en contra de evaluaciones basadas en exámenes, y abogamos por una evaluación continua, grupal, que tenga en cuenta el desarrollo del alumno y no lo que ha podido memorizar llegada una fecha. La cuestión pasa por que debería ser una prioridad mayor que todos los alumnos podamos ir a clases para formarnos y aprender no solo el contenido incluido en el currículum, que rellenar un papel. La enseñanza y la evaluación son dos conceptos diferentes y por ello lo que se exige a una y a otra no debe ser idéntico. Es claro que los exámenes presenciales han supuesto un riesgo innecesario para los estudiantes, puesto que, incluso si toleramos los exámenes como forma de evaluación, esta se debería haber rediseñado para que pudiera realizarse de manera segura, online, con trabajos, dividiendo los grupos… pero resulta igualmente claro que las universidades no están preparadas para ofrecer una enseñanza de calidad en un formato online como ya se lleva manifestando meses en redes.

Por tanto, observamos dos posiciones radicalmente opuestas. Por un lado, la que defienden los organismos universitarios que prefieren salvaguardar una supuesta “igualdad” para ser examinados y evaluados, aunque esta sea solo una ilusión ya que, como es obvio, la realidad entre estudiantes es muy diferente y no disponemos de las mismas oportunidades y facilidades para aprender, como se ve muy claramente con la brecha digital. Por otro lado, la que defendemos una gran parte del estudiantado según la cual queremos garantizar la mayor igualdad en la misma enseñanza en la medida de lo posible dentro de los marcos que nos impone el capitalismo, paliando, por ejemplo, problemas y desigualdades enorme que trae la modalidad online como la ya mencionada brecha digital. Ellos priorizan los exámenes, nosotras aprender.

Ante todas las tendencias que dicen que la docencia ahora, una vez acabado los exámenes, debe ser online tenemos que defender la universidad como un servicio esencial y nuestro derecho a la docencia presencial segura y de calidad, y que no retroceda ante los avances de la universidad neoliberal y su forma de enseñanza cada vez más elitista. Para eso necesitamos una universidad dirigida por estudiantes y personal docente y no docente en lugar de por la casta universitaria y las empresas y eso solo lo podemos imponer construyendo un gran movimiento estudiantil que discuta en asambleas cuáles son sus reclamos y un plan de lucha para imponerlos.






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