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Editorial de editoriales: promesas de campaña, ¿el futuro repite el pasado?

Con el cierre de listas aparecen candidatos, anuncios y promesas de campaña para las elecciones legislativas. Las cifras de la realidad que se refrendan en la calle y una alternativa a la decadencia.

Jesica Calcagno

@Jesi_mc

Domingo 18 de julio | 10:06

Pasado, presente y futuro

Lo que viven las mayorías trabajadoras y populares es eso que pasa mientras la rosca del poder se regocija en sus internas. Este miércoles cerraron las alianzas para las elecciones legislativas que tendrán su turno en septiembre y noviembre, y el próximo sábado se conocerán los nombres definitivos de candidatos y candidatas.

Desde el oficialismo dicen que “Tenemos que ofrecer, de nuevo, un probable futuro. Hay que hablar de la pandemia y de lo que hicimos contra el COVID-19. Pero para volver a enamorar, tenemos que hablarle a la clase media que debe dos alquileres, y que hace mucho que no come asado dos veces por mes”. Las palabras son de un “integrante empoderado del Gobierno” que habló con Román Lejtman de Infobae.

Ofrecer “de nuevo” un futuro, dicen. Porque ya lo prometieron en 2019 en la campaña de la fórmula Fernández-Fernández y no lo cumplieron. No se revirtió la pesada herencia macrista. Con lo que deja la primera mitad del gobierno del Frente de Todos de tantas promesas incumplidas, y de ceder a los grandes poderes económicos, ¿qué futuro pueden ofrecer?

Las medidas que se vienen anunciando, y las que se vendrán seguramente hasta noviembre, son algunos manotazos del gobierno para intentar proyectar algunas nuevas promesas que ayuden a su desempeño electoral. Reabrir algunas paritarias. Bono a jubilados. Anuncios de obra pública. Pero tienen patas cortas. Como explica Matías Rajnerman en El DiarioAr “la mejora económica del próximo semestre será difícil de sostener pasadas las urnas”. Dice que por dos motivos centralmente: desequilibrios que van a acumularse y pasarán factura (dólar oficial y el stock de reservas netas); y porque antes de marzo del año que viene habrá que cerrar un acuerdo con el FMI. Todos dan por hecho que eso va a traer nuevas exigencias de ajuste fiscal. Concluye que “el rebote de la segunda mitad del 2021 se terminaría a comienzos de 2022”.

En el presente, aún con los paliativos electorales del gobierno, las cifras que circularon en los medios esta semana no son para nada alentadoras.

Argentina superó el miércoles los 100.000 muertos por covid-19 desde iniciada la pandemia. Indefectiblemente se abrió un balance de lo que se hizo.

Del lado de la oposición de derecha, con un discurso tan increíble como ridículo. Se horrorizaron los que, como Mauricio Macri, quisieron minimizarla como “una gripe un poco más grave”. O como Horacio Rodríguez Larreta que, sin escuchar los reclamos de la comunidad educativa, abrió escuelas sin las condiciones sanitarias adecuadas que se llevó la vida de tantos docentes, no docentes y estudiantes. Ni hablar de que fueron voceros y lobbistas de grandes laboratorios como Pfizer y ofrecieron a cambio hasta “las islas Malvinas” como Patricia Bullrich.

Eduardo Van Der Kooy en Clarín aparece ahora preocupado por “evitar que esa cifra tenebrosa pueda multiplicarse”, aunque replicó muchas de las campañas de Juntos por el Cambio, y omita que la gestión de la pandemia también es responsabilidad de muchos gobernadores de ese espacio político.

Del lado del oficialismo, el balance tampoco es positivo. Como denunció Nicolás del Caño del Frente de Izquierda esta semana "Las vacunas llegaron casi después de la segunda ola, porque se privilegiaron los negocios de Sigman, de Slim y de AstraZeneca". Recordó el enojo de Sergio Massa con él en la cámara de diputados cuando denunció que Sigman no fue a dar a la cara. El magnate de los laboratorios al día de hoy no se presentó a dar explicaciones por las demoras e incumplimientos del contrato que lo involucra.

La frase de Alberto Fernández “prefiero tener un 10% más de pobres y no 100.000 muertos en la Argentina” dicha en abril del 2020 fue recordada estos días. Como otras de las “promesas” o “pronósticos” del oficialismo, no se cumplió. Entre diciembre de 2019 y 2020 la pobreza aumentó 6,5%, y las estimaciones para el primer trimestre de este año ya preanuncian que las nuevas cifras serán peores.

A esto se suma que el gobierno eliminó el IFE y los gastos covid-19 en el presupuesto 2021, recortó los gastos en salud. Según los cálculos de La Izquierda Diario, se “ahorró” $25.000 millones cambiando la fórmula previsional ajustando a los jubilados.

Esta semana también se conoció el dato de inflación del INDEC: en junio fue de 3,2% y ya acumula el 50,2% en el ultimo año. Los incrementos del mes tienen a los precios de Comunicación (telefonía móvil e internet) en el podio y que además volverán a aumentar. Clarín festeja. Y lo que sigue preocupando es que el rubro de alimentos acumula un aumento de 53,2% en los últimos 12 meses.

Diego Genoud en El DiarioAr sostiene que “la inflación le sirvió a Guzmán para licuar los ingresos de jubilados y empleados estatales en el primer semestre”.

Y agrega otros datos que no deben pasar desapercibidos. Citando un informe del economista Rajnerman, dice que “si en 2015 las paritarias abarcaban a 2 de cada 3 trabajadores, los convenios colectivos incluyen hoy con suerte a 1 de cada 2. Además, a la caída del salario real que ya lleva 3 años y medio, se le suma lo que el director de Ecolatina considera una “reforma laboral de facto”: se está destruyendo empleo privado formal y los trabajadores que entran o vuelven al mercado laboral lo hacen en condiciones de precariedad”.

Entonces las paritarias que se están reabriendo estos meses, y que no recuperan siquiera lo perdido con Macri, alcanzan apenas al 50% de los trabajadores. ¿Qué pasa con la otra mitad? Muchos de los reclamos que se vienen expresando en la calle tienen que ver con esta creciente precarización transversal. Las y los desocupados. El personal de salud. Los monotributistas de las apps y del propio estado. La tercerización como en Edesur y en ferroviarios. Si bien están los que, como Randazzo, piden una reforma laboral abierta, también están los que la implementan en los hechos.

Son apenas algunos de los ejemplos de un pasado desastroso del macrismo y un presente que no lo revierte. El futuro, de la mano de estas opciones políticas, será más ajuste para el pueblo trabajador.

Donde hay alguien que pierde, nace un ganador

La contraparte de la degradación de las condiciones de vida de las mayorías trabajadoras, se va a algún lado. Lo que unos pierden, se lo lleva alguien.
Buena parte de lo que buscó “ahorrarse” el gobierno con ajuste fiscal, termina en manos de los usureros de las deudas fraudulentas. En concreto, desde que asumió Alberto Fernández, U$S 6.500 millones fueron a las manos de organismos internacionales de crédito, incluyendo el FMI.

También sucede con los empresarios. Ismael Bermúdez lo detalló esta semana en Clarín, en base a datos del INDEC: “con una inflación interanual del 42,6%, la masa salarial retrocedió el 6,8%, mientras el excedente empresario aumentó un 15,3% en términos reales”. Dicho de otra forma: el sector empresario acrecentó su porción en el reparto de los ingresos del 35,2% al 40,2%. A costa, por supuesto, de las y los trabajadores.

Alfredo Zaiat en Página 12 hace un informe sobre las ganancias del campo, muy sugerente. Muestra con números y comparaciones que “en la última cosecha, tres de los cuatro cultivos más importantes ofrecieron cada uno el margen bruto más elevado en lo que va del siglo. En promedio, productores bonaerenses de soja, maíz y girasol nunca registraron una rentabilidad tan importante en los últimos veinte años”. Todo esto, recordemos, en pandemia mientras los más pobres se hicieron más pobres. Los factores que explican esta fenomenal rentabilidad los sintetiza en tres: alza de precios internacionales, tipo de cambio en dólares favorable al campo (léase, las minidevaluaciones que fue haciendo el gobierno), y los derechos de exportaciones (popularmente conocidos como retenciones). El propio Zaiat aclara que las retenciones al maíz “hoy son 12 por ciento, cuando en abril de 2008 eran 25 por ciento”. Todo esto, para graficar el punto que motiva su columna: que hay “una política oficial muy proagro” y que a estos poderes económicos concentrados “les resulta insoportable para sus almas bellas que los mejores años del negocio en el campo coincidan con gobiernos que ellos detestan”.

En el afán de demostrar que los empresarios del campo se oponen al Frente de Todos por “cuestiones ideológicas” y no por el bolsillo, termina mostrando el propio gobierno es proactivo en que los ricos se hagan más ricos y crezca la desigualdad. Y también son "pro-bancos": es el propio Estado el que está financiando enormes ganancias de los 10 bancos privados más importantes, como contamos la semana pasada.

Con tantos datos y cifras que muestran la inflación, pérdida salarial, aumento de la pobreza, las decisiones políticas del Frente de Todos. como las que apunta Zaiat, son también las que permiten que un puñado se siga enriqueciendo a costa de las y los trabajadores. Que en los discursos de Alberto o Cristina Fernández aparezcan críticas a la creciente desigualdad no los exime de estas responsabilidades.

Las internas del poder

Todas las miradas ahora están puestas en cuáles serán los candidatos del Frente de Todos. Operaciones y rumores de todo tipo seguirán tiñendo los próximos días hasta la confirmación, y son replicadas por muchos medios. Pero tampoco descartan “el factor sorpresa”, es decir que también es posible que nada de lo que están diciendo termine ocurriendo.

Del lado de la oposición de derecha ya están las confirmaciones. Como dice Van Der Kooy, a Juntos por el Cambio “le falta ingresar en el traumático terreno de la discusión económica”. El macrismo dejó un desastre, que está fresco en la memoria. Por eso intentan presentar candidatos que le aporten alguna lavada de cara a la coalición. Un cambio de nombre por aquí (Juntos). Sumar algunas caras que parezcan nuevas e intentar sacarse el “estigma” de Macri por allá. Horacio Rodríguez Larreta triunfó en la interna PRO: armó una lista de unidad en la Ciudad encabezada por María Eugenia Vidal, pero le habilitó las PASO a Lopez Murphy para no perder su perfil más derechista de la coalición. Logró que Jorge Macri se baje en provincia y que sea Diego Santilli el que dispute con Facundo Manes de la UCR en las PASO. En provincia de Buenos se suman con sus propias listas Florencio Randazzo acompañado de Carolina Castro, empresaria que ocupa un puesto en la cámara empresaria de la UIA. Y estará también la lista libertaria de José Luis Espert. En la Ciudad jugará por su lado Javier Milei, que como dice Diego Genoud “cuenta con sponsors históricos como el magnate Eduardo Eurnekian, de puentes estrechos con el FDT”. Anoten el dato.

En el oficialismo se barajan los nombres de Leandro Santoro, Gisela Marziotta y Matías Lammens en Ciudad. En provincia de Buenos Aires, el distrito más importante para el Frente de Todos, hay una ingeniería que tiene que contemplar las distintas alas de la coalición. En La Nación dicen que “todos dan por seguro que en el top five habrá un intendente, un cuadro afín a La Cámpora y algún funcionario nacional, además de la cuotaparte que le corresponde a Sergio Massa”. Resuena más el nombre de Victoria Tolosa Paz para encabezar la lista.

Estas internas del poder del Frente de Todos, se perfilan algunas disputas por cambios en el gabinete, y muchos ya están con la mirada puesta en las presidenciales del 2023. Pero no deja de ser un peronismo de frazada corta, enfrascado en discusiones ajenas a la mayoría de la población que está más preocupada por hacer una ingeniería, pero para llegar a fin de mes o conseguir empleo.

Como dijo Fernando Rosso en El Círculo Rojo la política en tiempos electorales “pretende encubrir una política de derecha con una renovación moderada, una línea de ajuste con un cuestionamiento interno antiajuste que no tiene consecuencias o un discurso punitivista de derecha con un relato de centroizquierda”. En referencia a ambas coaliciones. Se pregunta, por quienes festejan el avance de Larreta: “¿No es, en realidad, una derrota de Macri, pero para hacer macrismo por otros medios?”. Y con respecto al gobierno “si el frente es de todos, el ajuste también es de todos”.

Como ha denunciado Myriam Bregman del Frente de Izquierda, el caso de la Ciudad de Buenas muestra también lo lejos que está el discurso de los hechos en relación al peronismo: “Las principales leyes que sacó Larreta, las sacó con los votos del Frente de Todos de la Ciudad”. Algo a los que nos tiene acostumbrado el peronismo que, cuando gobernó Macri, también le votó muchas de las leyes de ajuste en el Congreso Nacional.

El pasado y el presente hablan de cuáles son los futuros con Juntos por el Cambio y el Frente de Todos. Ataque directo a las y los trabajadores, o administrar la pobreza a costa de seguir pagando deudas fraudulentas, del otro. Pagar y pagar a los especuladores, no es un acto de soberanía como dijo Cristina Fernández este viernes. Aunque se negocien las condiciones, se pagan estafas que siguen atando al país al atraso y la dependencia a costa del pueblo trabajador en un espiral sin fin.

El único futuro favorable al pueblo trabajador está en esos trabajadores, trabajadoras, ocupados y desocupados, que ya no aceptan más el ajuste y lo expresan en la calle. Que no quieren ser más trabajadores de segunda, como los tercerizados del Roca que pelean por el pase a planta permanente. Lucho Aguilar en el Semanario Ideas de Izquierda relata lo que se vive en el corte de vías, en las movilizaciones, en esos terrenos embarrados donde las familias pelean por vivienda. “Arriba del asfalto está el desencanto” dice. Un desencanto que se abre paso como una fuerza en movimiento para pelear otro futuro.

El Frente de Izquierda Unidad es parte de esa fuerza social que está germinando en la calle. Por eso apostó a la unidad en estas elecciones, nucleando al 80% de la izquierda en 23 de 24 provincias, con cientos de candidatos que hoy son protagonistas de estas luchas y referentes que están presentes en cada reclamo. La pelea por diputados y diputadas de los trabajadores en el Congreso, en las legislaturas y concejos, serán una palanca para que esas voces retumben y multipliquen su fuerza para otra salida a la crisis. Que no nos roben más el futuro con promesas imposibles. Que el futuro, sea nuestro.






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