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El Frente de Todos y una interna tensa donde lo único que no se cuestiona es el Fondo

Luego del discurso de Cristina en Chaco, la interna del Frente de Todos vuelve a tomar protagonismo. El Presidente y el ministro de Economía salieron a marcar la cancha. ¿Qué se juega en la interna peronista? ¿Cambiar las reglas del juego del Fondo está sobre la mesa?

Diego Iung

Lunes 9 de mayo
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Discursos y hechos

En su largo discurso de una hora y media el último viernes, la vicepresidenta habló de un “debate de ideas” dentro de la coalición de gobierno. Un intento de moderación que no afloja en el pedido de renuncia del ministro de Economía.

Allí, golpeó al ejecutivo por la existencia de “trabajadores pobres, algo que nunca había pasado” y le echó en cara que “me di cuenta que cuando algunos decían que volvíamos mejores creían que teníamos que hacer todo lo contrario a lo que habíamos hecho nosotros. Fue porque se tragaron el amague de los buenos modales, y de que nosotros no dialogábamos, no consensuábamos”.

Acompañando estas palabras, es que en las últimas semanas los legisladores que responden a la expresidenta vienen presentando una serie de proyectos para buscar diferenciarse de la política de Guzmán y Alberto y dialogar con la creciente preocupación social ante la pérdida del poder adquisitivo. Entre ellas se cuentan la moratoria para jubilados, la propuesta para repatriar los dólares fugados por los grandes evasores para ser utilizados para el pago de la deuda con el FMI y la nueva iniciativa para garantizar un salario básico universal, que se presentará este martes. Todas presentadas sin partir de discutir o contar con el aval del propio ministerio de Economía.

En respuesta, el Presidente salió implícitamente al cruce de los dichos de la vicepresidenta: “Así como me ocupé, me ocupo y me voy a seguir ocupando de que el trabajo crezca en la Argentina, voy a trabajar incansablemente para que el bolsillo de los argentinos sea cada día más fuerte, para que cada vez haya más dinero en el bolsillo de los que trabajan”. Lo hizo acompañado por Hector Daer, comprometiendo el apoyo cegetista en seguir manteniendo la paz social pese a la galopante inflación que viene pegando duro sobre los ingresos de la gran mayoría de la clase trabajadora.

Más temprano Guzmán, en una entrevista grabada con María O´ Donnell en la noche del domingo, fue menos elíptico y salió en defensa de su gestión dentro del ministerio, defendiendo el acuerdo con el Fondo y planteando que: “el gobierno siempre está del lado del crecimiento del poder adquisitivo de los salarios, pero hay que lograrlo creando condiciones. Tuvimos una pandemia y eso es lo que pasó”.

Según el ministro, la manera de avanzar en una recuperación del salario estaría dada por una suerte de teoría del derrame, donde para conquistar una mejora en los ingresos de los trabajadores, primero habría que crear las condiciones para que las empresas inviertan y produzcan. El viejo cuento ya conocido en el que la torta nunca cae. No solo eso, sino que según varios estudios, la recuperación de los últimos meses fue realizada a costa de un crecimiento (aún mayor) de la desigualdad.

Lo que va empezando a quedar claro es que, sin partir el Frente de Todos, lo que está en discusión es una disputa por la conducción del propio armado del Frente de Todos y el espacio peronista. Ante la debilidad del Gobierno que reflejan las encuestas y una perspectiva económica que no augura buenas perspectivas para la grandes mayorías, la pelea parece darse en términos de cambiar las figuritas e intentar mantener una base más amplia dentro del propio peronismo. Por eso tampoco es casual que la expresidenta haya ratificado su decisión de designar a Alberto Fernández como candidato a Presidente hace casi tres años atrás. Lejos de cualquier radicalización, como plantean los medios de la derecha, Cristina viene sosteniendo un acuerdo con Sergio Massa, íntimo amigo de la embajada norteamericana. Varios rumores incluso hablan de que Daniel Scioli estaría buscando también meterse en la interna. Pongan los fideos.

Más allá de la posibilidad o no de que Cristina juegue finalmente por un tercer mandato, lo que parece delinearse entonces es una pelea por la conducción del espacio, y desde ahí la tensión del propio presidente en resistir cualquier cambio de gabinete, apostando a la ilusión de que en los próximos meses pueda darse cierta mejora de la economía.

Afilando la cadenas

Entre tanta retórica y tanta interna, algunas cosas pueden pasar de largo. Si a pocos días de la votación del acuerdo con el Fondo, con el acuerdo ya cerrado, el grueso de la población se entero de la negativa de Máximo Kirchner a ratificar el acuerdo ya comprometido con el FMI, luego de eso no solo no hubo ruptura, sino que tampoco hubo puesta en pie de ningún tipo de proyecto alternativo. Así, más allá de los discursos o de leyes llamadas a no ser aprobadas en el Congreso, no hubo ningún intento de movilizar o impedir la aplicación de los mandatos del Fondo.

Ni los representantes de La Cámpora, ni la vicepresidenta avanzan en cuestionarlo estructuralmente. Por el contrario, en su retórica plantean conquistar un acuerdo donde no existiera el saqueo de los recursos del país, como si pudiera alcanzarse tal cosa con un organismo dedicado a reforzar las cadenas de la dependencia y el atraso, al calor de la fraudulenta deuda externa. Sin ir más lejos, la propia iniciativa para repatriar capitales para el pago de la deuda legitima su existencia al buscar las vías para el pago de la misma. Muy lejos quedó la retórica donde “sinceramente” se hablaba de su carácter fraudulento, ilegítimo e ilegal.

Aún más, y para que no queden dudas. Cristina Fernández viene de recibir dos veces al embajador norteamericano Marc Stanley en su oficina del senado, así como a la jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, Laura Richardson. Editorialistas de Clarin o La Nación leyeron el acontecimiento como lo que fue, una muestra de alineamiento con el accionista mayoritario del Fondo y un compromiso de no sacar los pies del plato de este.

Ante una perspectiva que promete continuar la sumisión al Fondo, con su respectivo ajuste permanente, y sus planes económicos destinados a pagar la deuda a costa de los ingresos y las condiciones de vida de las grandes mayorías, es necesario desarrollar la más amplia movilización independiente. Este martes, en la Marcha Federal que recorrerá todo el país, participarán sectores del sindicalismo combativo. Una vía para empezar a unir a los distintos sectores agraviados por el ajuste y la desigualdad creciente. Todos parte de una misma clase trabajadora.

Entre sus demandas, exigirán también el fin de la subordinación de la CGT al Gobierno, para que rompa la pasividad y la tregua ante el ajuste. Reunir esas fuerzas es la única manera de poner en cuestión estás políticas que de conjunto buscan seguir atándonos hasta el Fondo.


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Diego Iung

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