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El preacuerdo con ERC confirma el curso a la integración en el régimen autonómico de la CUP

La CUP y ERC llegan a un preacuerdo que acerca a Aragonés a la presidencia de la Generalitat y a la CUP a una integración en la autonomía tutelada. La necesidad urgente de otra izquierda anticapitalista y de clase.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Lunes 22 de marzo | 13:24

Como Podemos en 2015 con sus primeras negociaiciones sin éxito con el PSOE para llegar a Moncloa, la CUP ahora ha decretado secreto del contenido de sus negocaciones con ERC y el preacuerdo alcanzado para investir president de la Generalitat a Pere Aragonés a finales de esta semana. Su militancia tendrá que ratificarlas o rechazarlas este miércoles, pero quieren evitar a toda costa que sean fiscalizadas por quienes les votaron o el resto de la izquierda catalana.

La renuncia explícita a la política con “luz y taquígrafos” y la asunción de esa opacidad tan criticada a la política oficial, fue para Iglesias la confirmación de sus intencioes de integrarse en el régimen. La dirección de la CUP, seis años más tarde, parece disponerse a transitar el mismo camino, en este caso de integración en el régimen de autonomía recortada que se dispone reflotar ERC con JxCat.

La consolidación de un giro a la moderación y la integración en la autonomía tutelada

Pero la opacidad y secretismo es solo la epidermis del “nuevo ciclo" de la CUP. Podemos tuvo sus antecedentes en una moderación programática que se dejaba por el camino desde la auditoria de la deuda hasta la lucha por un proceso constituyente; en su negativa pública a cuestionar la forma de Estado en plena abdicación de Juan Carlos I; o en su rechazo a dar apoyo a la consulta catalana del 9N.

La CUP lleva también meses avanzando en esta senda de moderación y aspiraciones a ser parte de la gestión del Estado capitalista en su nivel autonómico, bien sea formando parte del nuevo govern o bien actuando de “conseller sin cartera” con su respaldo parlamentario.

El proceso de debate interno, en el que pudimos participar en calidad de observadores desde la CRT, concluyó con documentos en los que se dejaba de lado toda propuesta que se pudiera catalogar de anticapitalista. Las medidas sociales se limitaban a introducir algunos mecanismos de control y regulación pública de determinados sectores, una reforma fiscal o la creación de empresas públicas que competirían en el mercado con los grandes monopolios. En el terreno democrático se proponía un procesismo 2.0 en el que se combinaría la negociación con el Estado, la búsqueda de intervención de la comunidad internacional y un supuesto “nuevo embate” en forma de un referéndum para 2025.

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Esta fue la base política de la candidatura, que acabó conformándose con Dolors Sabater como cabeza de lista -representante de los ayuntamientos del cambio catalanes, junto a Colau, y la gestión impotente de "lo posible"- y el acuerdo con Guanyem. Tal y como señalamos en su día, coincidiendo con otros sectores que criticaron el acuerdo, se trataba de tender puentes para lograr acuerdos de país con los viejos partidos del procesismo y, si era posible, los Comunes.

Reformas tímidamente socialdemócratas, restauración de la autonomía y procesismo 2.0

Lo poco que ha transcendido del preacuerdo alcanzado confirma que la hoja de ruta establecida por la CUP para el 14F se siguen implementando. El voto cupaire a la investidura de Pere Aragonés – representante del ala más neoliberal de ERC, amigo personal de las grandes familias del IBEX35 y autor de la peor ley de externalización de servicios públicos- sería a cambio de acuerdos tan mínimos y ambiguos como desarrollar una agenda legislativa catalana para abordar la “emergencia habitacional”, un refuerzo de la atención primaria o supeditar el uso de los proyectiles de foam a que los Mossos publiquen los protocolos sobre utilización.

Quedarían pues intactos los parques de vivienda en manos de los grandes tenedores y especuladores, los desahucios se seguirán produciendo -como se siguieron produciendo en Badalona bajo el gobierno Sabater-, el modelo privatizado de la sanidad catalana queda a salvo de toda reversión de privatizaciones y los Mossos podrán seguir sacando ojos, eso sí, con manual de instrucciones.

CARTA ABIERTA: A los militantes de la CUP que no quieren votar a Aragonés a cambio de algunos gestos insignificantes

En el terrenos democrático se habla de trabajar por un “nuevo embate democrático, preferiblemente en forma de referéndum”. Una fórmula lo suficientemente ambigua para que lo puedan aceptar desde los fieles de Puigdemont hasta la ERC que lleva desde 2017 tratando de que la restauración autonómica termine asentándose. La mesa de negocaición con el Estado – la joya de esta restauración auspiciada por el gobierno “progresista” y ERC- se mantendría y sería aceptada por la misma CUP. Esta asume por completo una promesa de tiempos largos e indefinidos -la marca del procesismo-, ya que se conformarían, como declararon en su reciente conferencia política, con una mesa de partidos y entidades catalanas que trabajaran en esta dirección.

La CUP no puede dar apoyo a un nuevo gobierno de ERC y JxCat, hace falta una izquierda anticaptalista y de clase

“Todos los que somos de izquierdas, no podemos entender, que una fuerza que se reivindica anticapitalista, como la CUP, o cualquier otra fuerza que se reivindique de izquierdas, invista un govern de Pere Aragonés, o cualquier otro govern de ERC, de JxCat u otro partido que gobierne para las grandes empresas”. Así de claro lo dijo Pablo Castilla, un jóven de 21 años, militante de Contracorrent y la CRT, desde el micro abierto de la última manifestación por la libertad de Pablo Hasel, el pasado sábado en Barcelona. Unas palabras que recogen gran parte del malestar que este "nuevo ciclo" cupaire está levantando.

No por anunciado y previsible, el preacuerdo de la CUP y ERC ha evitado que se encendieran los debates en el seno de la izquierda independentista, el resto de la izquierda anticapitalista catalana y las redes sociales. Muchos y muchas votantes o simpatizantes de la CUP critican una decisión que convertiría a esta formación en una simple muleta del siguiente ejecutivo que, con toda seguridad, volverá a dejar en el tintero la lucha por el derecho a decidir – como lo hicieron nada menos que en 2017, cuando las condiciones eran mucho más favorables – y aplicando las políticas al servicio de las grandes empresas y fortunas, como han hecho durante toda su historia.

Desde la CRT participamos en los debates previos a la conformación de la candidatura de la CUP para el 14F, interviniendo en contra de este curso, una suerte de reedición de la política de “mano extendida” llevada adelante desde 2012 pero en una clave aún más moderada programáticamente, en plena restauración autonomista y con pulsiones gobernistas mucho mayores de parte de la dirección cupaire. Coincidimos en algunas de estas críticas con algunos sectores internos de la CUP, como Endavant que cuestionó el acuerdo con Guanyem, u otros grupos como Lucha Internacionalista.

A estos grupos y sectores críticos les planteamos la necesidad de impulsar un frente político-electoral para el 14F en clave anticapitalista y de independencia de clase, que dejara claro que la hoja de ruta pasaba por el desarrollo de la movilización y la autoorganización, y que eso es incompatible con ser el apoyo por izquierda a un nuevo gobierno autonómico neoliberal.

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Lamentablemente esta propuesta fue rechazada, tanto por sectores críticos de la izquierda independentista como por LI. Este último grupo se escudó para seguir dando apoyo a la candidatura de la CUP en un acuerdo de 12 puntos algo más de izquierda pero que, como les advertimos, eran auténtico papel mojado en el momento en el que el programa de la candidatura y la línea de la campaña eran claramente a favor de un acuerdo con el viejo procesismo, sin descartar hasta la participación en el Govern.

Creemos que de haber constituido un frente así, hoy la izquierda que no apoyamos el respaldo a la investidura de Aragonés y defendemos una perspectiva anticapitalista y de clase estaríamos en mejores condiciones. Pero más allá de eso, consideramos que es necesario ahora unir fuerzas para exigir conjuntamente a la CUP que no vote a Aragonés, rompa todo preacuerdo con ERC y abandone definitivamente su línea de “mano extendida” o “acuerdo estratégico” con los partidos de la burguesía independentista.

Si finalmente la CUP acaba asumiendo esta línea y se convierte en la muleta parlamentaria del nuevo Govern, es urgente que los grupos y sectores que no comulgamos con esta política de clara conciliación de clases avancemos en poner en pie un reagrupamiento que luche por un programa para que la crisis la paguen los capitalistas y por una hoja de ruta independiente, y en alianza con el resto de pueblos del Estado, para pelear contra el Régimen del 78 y conquistar e imponer el derecho de autodeterminación. Un agrupamiento que busque confluir y ayude a extraer lecciones revolucionarias a todos aquellos sectores juveniles, de los movimientos sociales y el movimiento obrero, que han hecho o están haciendo una amarga experiencia tanto con el neorreformismo hoy en Moncloa, como con el procesismo al que la dirección de la CUP quiere prestar sus servicios para una sobrevida.






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