Sociedad

Abusos sexuales

Exalumna del hogar de Boulogne: “El abuso de las monjas a chicas vulnerables era constante”

Este jueves fue detenida María Tellez Fajardo (Sor Marina), quien estaba a cargo del hogar de menores Hermanas Trinitarias de Boulogne (San Isidro). Habla una de las jóvenes que vivió hace unos años allí, bajo la “tutela” de la religiosa de 64 años procesada por abusos sexuales a menores de edad.

Jueves 10 de junio | 13:20

La noticia conmovió a gran parte de la comunidad de Boulogne, en la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Este jueves la DDI de la Policía Bonarense de San Isidro, por orden de la UFI Especializada en Delitos Conexos a la Trata de Personas de ese partido, a cargo de Marcelo Fuenzalida, se hizo presente en la sede de las Hermanas Trinitarias de calle Carlos Tejedor al 300 y detuvo a Sor Marina, cuyo nombre real es María Tellez Fajardo (64) acusada de abusar sexualmente de una menor de 14 años el año pasado.

La Izquierda Diario conversó con V. (se preserva la identidad por obvias razones), quien vivió alojada en el hogar durante cinco años. Para la joven (hoy mayor de edad) la noticia de la detención de Tellez Fajardo fue sorpresiva, pero al mismo tiempo no hizo más que confirmar lo que ella comparte con muchas de las ex “alumnas” del hogar. “Con todas mis excompañeras queremos rodear de solidaridad a la víctima y exigimos justicia”.

¿Cómo recibiste la noticia de la detención de Sor Marina?

  •  Estaba volviendo del trabajo y recibí un mensaje de una de mis amigas con las que conviví en el hogar de las Hermanas Trinitarias durante cinco años. Me avisó que detuvieron a la monja que había estado a cargo de nuestra “tutela”. Fue realmente un baldazo de agua fría, no porque no esperara una noticia así, todo lo contrario, sino por el odio que me genera, un odio que me recorre todo el cuerpo. Pude haber sido yo o unas de mis amigas. Pienso en la piba que tuvo que pasar por esto y hoy está denunciando, me dio mucha bronca, se me caían las lágrimas. Seguro que no fue la única.

    ¿Con tu amiga compartieron la misma sensación?

  •  Sí. Varias de las que “egresamos” de ese hogar somos amigas, nos mantenemos en contacto, compartimos historias parecidas y la experiencia de haber tenido que pasar por esos llamados “hogares”, que más bien son cárceles de menores bajo la tutela de la Iglesia abusadora.

    María Tellez Fajardo y sus peligrosos abrazos a menores de edad
    María Tellez Fajardo y sus peligrosos abrazos a menores de edad

    Es sabido que la Iglesia está a cargo de varios hogares de niñes y que se aprovecha la situación de vulnerabilidad para abusar de muchas maneras. ¿Lo ves así?

  •  Sí, tal cual. Yo fui alumna (así nos decían) por muchos años en ese hogar. Cuando “egresás” es porque cumpliste la mayoría de edad. Y si no tenés a dónde ir te mandan a una residencia de las mismas monjas. Cuando caés en esos hogares es porque la estás pasando mal afuera, violencia familiar, abusos sexuales, maltratos, situación de calle o mucha pobreza. A veces tu propia familia te tiene que dejar ahí.

    ¿Cómo es la vida en el hogar de Boulogne?

  •  Los años que pasamos ahí vivíamos todas en un mismo lugar, en una misma habitación y no recibíamos asistencia psicológica de ningún tipo. Las monjas estaban al frente pero no se encargaban de nada, si tenías algún problema ni les importaba. Había pibas que estaban pasando por enfermedades, que se autoagredían o simplemente descargaban todo ese dolor a los golpes. Teníamos una compañera que sufría epilepsia y varias veces nos pasó que le avisábamos a las monjas, pidiendo ayuda para que por favor llamen a un médico, y su respuesta era “ya se le va a pasar”. Además de los abusos de poder, hacían abandono de persona.

    ¿Había maltrato cotidiana hacia todas las chicas?

  •  Sí, había mucho maltrato verbal y físico. Recuerdo que si no cumplías con tus tareas de limpieza te humillaban, te decían que si comías ahí tenías que obedecer, incluso llegaban a darnos “nalgadas”, un trato denigrante y más para un grupo de pibas que veníamos de situaciones difíciles. Se aprovechaban de eso. Entre nosotras nos ayudábamos y tratábamos de aguantar, “ya falta poco” decíamos aunque sabíamos que la vida afuera también iba a ser difícil. Lo que hicieron con la piba, el abuso sexual, es lo más brutal de todo. Al enterarme volvieron recuerdos de esos años, de las monjas con la cruz en la mano castigando y sometiendo a niñas muy vulnerables. Hoy con todas mis excompañeras queremos rodear de solidaridad a la víctima y exigimos justicia.

    ¿Qué opinás de los anuncios del Vaticano y Bergoglio de incluir la pedofilia dentro los delitos de las leyes de la Iglesia católica?

  •  Creo que hay una hipocresía muy grande. Donde hay un cura (o en este caso una monja) que abusa, hay una Iglesia que encubre. Y el propio Francisco ha sido parte de esa red de encubridores. Todavía no dice nada del cura Grassi. Las víctimas no sólo han sido invisibilizadas por la Iglesia, sino que muchas veces hasta las culpabilizan por las violaciones que cometieron en su contra. Hoy Bergoglio y el Vaticano están obligados por la presión de todas esas víctimas que se animaron a hablar y porque no pudieron tapar el escándalo, a reconocer los abusos y “penalizar” los casos de pedofilia (que queda sólo dentro de sus leyes, claro). Después los Estados pueden o no actuar. Y, en general, todos los gobiernos le garantizan bastante impunidad a la Iglesia.

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    Y además la Iglesia es la que se opone a los derechos de las mujeres y las diversidades

  •  Creo que quienes nos hablan hace siglos de “moral”, los que se opusieron con furia a nuestro derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos, que se oponen a que recibamos Educación Sexual Integral en las escuelas, son los mismos que históricamente encubrieron a miles de abusadores, que alentaron delitos sexuales y revictimizaron a les niñes de los entornos más castigados. Es bestial.

    ¿Qué pensás, a partir de la noticia de la detención de Tellez Fajardo, de acá hacia adelante?

  •  Habiendo vivido años en ese entorno, esta noticia no hace más que reafirmar mis convicciones para seguir organizándome. No sólo tenemos que seguir exigiendo justicia por las cientos de víctimas de pedofilia y abusos por parte de la curia, hay que exigir ya separación de la Iglesia del Estado. Y, por sobretodo, pelear con cada gota de vida por transformar esta sociedad de raíz, para que nadie nunca tenga que repetir esta historia. Hay que luchar contra toda forma de opresión y miseria que este sistema genera.




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