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La mini-CGT de Bullrich tiene más mandamientos que sindicalistas y propone reforma laboral

La dirigente macrista y Miguel Ángel Pichetto lanzaron su “pata sindical” en pleno Recoleta. Por ahora tiene pocos adeptos, menos que los “10 mandamientos del buen sindicalista” que lanzó hoy. Entre ellos, no cortar calles, “modernizar los convenios” y fomentar el “progreso de la empresa”.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Jueves 18 de noviembre | 15:56

El lugar elegido no fue, digamos, el más popular. Pleno barrio de Recoleta. Es cierto que cerca de allí nació Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, pero no se recuerdan muchas gestas del movimiento obrero. En calle Agüero comenzó a funcionar hoy el primer local de Confederación de Trabajadores y Empleadores (CTE). Aunque algunos la llaman la “pata sindical” del proyecto presidencial de la dirigente del PRO, los pocos sindicalistas que tiene compartirán espacio con algunos pequeños empresarios que se sumaron al proyecto. Raro.

En un rapto de ironía le pusieron “los flacos”, en contraposición a “los gordos”, tal como se conoce a los eternos dirigentes de la CGT. La definición viene con trampa. Dos de sus principales animadores vienen de integrar durante años la central obrera peronista. Uno es Marcelo Peretta, del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos, que estuvo ligado al moyanismo incluso cuando este rompió con la CGT porque no enfrentaba la “política antisindical y antilaboral del Gobierno”. O sea de Bullrich.

Otro es Dante Camaño, socio de Luis Barrionuevo en el gremio de gastronómicos aunque últimamente están peleados. Hace rato se hizo macrista. Y bien de derecha. Como cuando se la agarró con las y los extranjeros: “muchos de los que figuran como turistas no son turistas, son extranjeros que vienen a estudiar, a operarse o vienen a trabajar clandestinamente o algunos vienen a traer droga”. Pidió que los echen a todos, aunque muchos de ellos se desloman en los bares y hoteles donde Camaño debería defender sus derechos.

Otro de los sindicatos que integran la nueva “central” es el Sindicato de Educadores Unidos (Seduca), un gremio amarillo que siempre carnereó los paros de la docencia porteña. Lo dirige Facundo Lancioni.

Lo único “flaco” parece que son las fuerzas sindical del invento de Bullrich. Por eso la promoción del lanzamiento estuvo centrada en sus “10 mandamientos del buen sindicalista”. La dirigente del PRO se aprovecha del desprestigio del sindicalismo peronista, sus métodos burocráticos, sus patrimonios millonarios y su sociedad con los empresarios, para vender una receta peor. Para eso hace una mezcla de demagogia, flexibilización laboral y conciliación de clases.

¿Cuáles son? El primero, el buen sindicalista “no se «atornilla» al cargo y permite la participación de otras listas”. Podríamos estar de acuerdo, si no fueran propuestos por Dante Camaño, que jamás permitió una oposición en su gremio y la propia Bullrich, que como ministra de Trabajo (De la Rúa) o Seguridad (Macri) siempre reprimió al sindicalismo antibucrático y de izquierda. Chequeado: Demagogia.

El segundo, que promueve la incorporación de mujeres, aclarando que “no puede ser una imposición legal sino tener en cuenta las fortalezas y debilidades entre géneros”. Mmm, sonó feo. Además, los que dirigen “los flacos” son todos hombres, incluso en gremios con mucha presencia femenina. Chequeado: demagogia.

El tercero, el sindicalista “asume con su patrimonio las decisiones institucionales”. ¿Para qué? “Esto lo hará adoptar una actitud más responsable”. Si uno recuerda las millonarias multas por huelgas que ponían los ministros macristas Triaca y Sica, entiende mejor. Chequeado: trampa.

El cuarto: el buen sindicalista “no bloquea la calle ni el ingreso o salida de la gente”. O sea, no utiliza los métodos históricos de la clase trabajadora, que en la mayoría de los casos se han transformado en derechos de huelga, manifestación, expresión.

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Le siguen los mandamientos de “no robar afiliados” (teléfono para Moyano) y “no ser empresario” (o sea se pueden enriquecer pero no tener empresas a su nombre, como Camaño).

Pero al final se pone de nuevo interesante. Según el decálogo, el buen sindicalista “moderniza los convenios para adaptarse a la nueva realidad laboral”. O sea, deja pasar la reforma laboral, en este caso hay que reconocer que Bullrich y sus amigos están abiertos a que sea por ley o convenio. Y va más allá: “la indemnización del trabajador puede incorporarse al convenio como un seguro de desempleo, garantizando su pago al trabajador sin perjudicar la economía del empleador”. O sea, el fin de las indemnizaciones que proponen el macrismo, Milei y no descartar algunos gremios de la CGT.

El último es mortal: el buen sindicalista “defiende la fuente laboral y el progreso de la empresa”. O sea que todo bien con los derechos obreros pero también hay que defender “la rentabilidad de la empresa para equilibrar la relación entre capital y trabajo”. Como si estuviera desequilibrada para nuestro lado.

Lo que no aclaró Bullrich es qué hará con el sindicalista que no cumpla el "decálogo". Ya nos imaginamos.

Ese sería el decálogo de los flacos. Aunque todo indica que la mini-CGT tiene otro triunvirato en las sombras que con Bullrich, Pichetto y Floriencia Arrieto, la abogada que se cansa de pedir mando dura, represión a los piqueteros y las familias sin techo.

Hace poco los “libertarios” habían presentado sus propuestas de reforma laboral y sindical que también analizamos. Hay que ver si “unifican” sus propuestas. En ese caso Bullrich se podría sumar al “team” de Ronald Milei y Bigote Espert. Ya veremos.






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