Política

Lesa humanidad

Murió Miguel Ángel Ferreyro, el represor que violaba mujeres en El Infierno

Era juzgado junto a otros 18 represores en el juicio que se lleva a cabo por los crímenes cometidos en los centros clandestinos de detención de la sur del conurbano bonaerense. Gozaba del beneficio de la prisión domiciliaria. Otro genocida que muere sin ser condenado.

Miércoles 27 de octubre | 16:46

Foto: Javier Gonzalez / Enfoque Rojo

Miguel Ángel Ferreyro fue cabo de la policía Bonaerense, con servicio en la Brigada de Investigaciones de Lanús con sede en Avellaneda. Fue integrante de la patota que comandaba Miguel Osvaldo Etchecolatz durante la última dictadura cívico- militar- eclesiástica. Allí en la Brigada de Lanús funcionó el centro clandestino de detención conocido como “El Infierno”.

Gracias al valiente testimonio que brindara Nilda Eloy en el Juicio por la Verdad, se conocieron los crímenes cometidos en El Infierno, señalando a Ferreyro como autor de violaciones sexuales en aquel centro. Así se logró que los abusos sexuales sean considerados como constitutivos del genocidio y se los juzgue como delitos del lesa humanidad

Ferreyro enfrentaba un juicio por primera vez como imputado, junto a otros 18 represores por los hechos ocurridos en los Pozos de Quilmes, Banfield y El Infierno. En el mes de noviembre de 2020, organizaciones de derechos humanos, de izquierda y vecinos del barrio de City Bell, partido de La Plata, realizaron un escrache frente al domicilio del genocida.

Durante décadas gozó de la impunidad sin ser juzgado (como tantos que caminan libremente o mueren sin procesamiento) y se encontraba en prisión domiciliaria, aduciendo problemas de salud. El cuerpo médico forense lo había declarado incapaz para participar en el juicio, pero los peritos de parte lograron revocar la decisión.

Mientras los procesos judiciales llegan a cuenta gotas y a 45 años de ocurridos los crímenes, para los genocidas persiste una suerte de “impunidad biológica”. Los ejecutores de gravísimas violaciones a los derechos humanos mueren sin haber sido alcanzados por la prisión o luego de tener un breve tránsito tras las rejas. Y muchos sobrevivientes y familiares mueren sin poder ver algún atisbo de justicia.

A más de cuatro décadas de aquel genocidio que arracó a toda una generación de luchadores y luchadoras y cuyos autores siguen gozando de impunidad mientras los gobiernos pasan, no damos vuelta la página, no nos reconciliamos. Exigimos juicio y castigo a los responsables.






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