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China

Xi Jinping rescata al gigante Evergrande en nombre de la estabilidad capitalista

El régimen de Xi Jinping está combinando distintas maniobras financieras para salvar una de las empresas capitalistas más importantes de China.

Miércoles 29 de septiembre | 23:48

El gigante inmobiliario chino Evergrande ha anunciado la venta de una participación del 19,93% en el banco comercial Shengjing Bank a un conglomerado estatal por $10.000 millones de yuanes (unos U$D 1.545 millones) lo que podría ser el primero de varios movimientos de empresas vinculadas a Beijing. Shengjing Bank es un banco vinculado a la empresa de Xu Jiayin, propietario de Evergrande, cuya deuda de U$D 300.000 millones pone en evidencia a grandes instituciones financieras como Minsheng Bank.

La venta de las acciones se destinó al grupo Shenyang Shengjing Finance Investment, propiedad de las autoridades públicas de la ciudad de Shenyang. En una declaración a la Bolsa de Hong Kong, Evergrande dijo que su participación en Shengjing Bank bajará del 34,5% al 14,57% tras la operación de venta.
Xu Jiayin retendrá una participación del 15% en el Shengjing Bank, que "exige" que los ingresos netos de la venta se utilicen para saldar las deudas que el grupo tiene con el banco, según una declaración reglamentaria.

El régimen de Xi Jinping está combinando distintas maniobras financieras para salvar una de las empresas capitalistas más importantes de China. Varias empresas gubernamentales y desarrolladoras inmobiliarias respaldadas por el Estado, como China Vanke Co. Ltd, China Jinmao Holdings y China Resources Land Co. han sido "invitadas" a comprar activos de Evergrande para reforzar la captación de fondos de la empresa. La burocracia del Partido Comunista Chino espera que las compras de activos eviten, o al menos reduzcan, el malestar social que podría generarse si Evergrande sufre un colapso desordenado.

Además, el Banco Popular de China (el banco central) ha inyectado recursos por valor de $ 100.000 millones de yuanes (U$D 15.460 millones) en el sistema financiero chino mediante operaciones de recompra inversa a 14 días. Se trata de una operación ordenada por Xi en al menos dos ocasiones anteriores, con inyecciones de 110.000 millones de yuanes para aportar liquidez al sistema financiero ante la crisis inmobiliaria.

"Mantener la estabilidad del sector social y financiero sigue siendo el objetivo político general del gobierno chino", dijo Nicholas Zhu, analista principal de Moody’s Investors Service. "Con tantos pagos de cupones a finales de año, la venta de activos no esenciales es la forma más eficaz de que Evergrande obtenga fondos", dijo Steven Leung, director gerente de UOB Kay Hian.

El uso de dinero público para comprar activos no esenciales de este gigante capitalista chino es una de las formas de intervención "indirecta" llevada a cabo por Xi Jinping. Otra herramienta utilizada es responsabilizar a otras empresas públicas de las obras inacabadas que realiza Evergrande. La segunda empresa de desarrollos inmobiliarios tiene todavía 800 proyectos en casi 250 ciudades de China, con 1,6 millones de departamentos ya vendidos sin entregar. En un distrito de la ciudad sureña de Guangzhou, un departamento del gobierno local dijo que los ingresos de una filial de Evergrande debían ingresarse en una cuenta del gobierno para que "los intereses de los compradores de viviendas puedan ser protegidos".

Según informa la agencia de noticias Reuters, un puñado de empresas estatales ya se está preparando para hacerse con los activos de Evergrande en la ciudad de Guangzhou, capital de Guangdong, una de las provincias meridionales más industrializadas del país. En un ejemplo emblemático, Guangzhou City Construction Investment Group está cerca de adquirir el estadio del Guangzhou Football Club y los proyectos residenciales circundantes.

El salvataje de la empresa se combina con la creciente presión sobre Xu Jiayin. Xi Jinping busca un tercer mandato en el 20º Congreso del PCCh, que se celebrará en 2022, y no puede parecer a los millones de desempleados y trabajadores pobres de China que sus esfuerzos están dirigidos a salvar a los especuladores multimillonarios. Xu Jiayin está "en el lado equivocado" de la campaña por la prosperidad compartida, que tiene como objetivos esenciales disminuir la enorme desigualdad social para evitar explosiones sociales que socaven la estabilidad política en un momento delicado de conflicto entre Beijing y Washington, y ampliar la capacidad de consumo de la nueva clase media y el potencial mercado interno chino.

Esto no tiene ninguna correlación con una supuesta campaña de expropiación de los capitalistas chinos, cuyos segmentos más ricos forman parte cada vez más de los procesos de elaboración de políticas en China. La burocracia reaccionaria del Partido Comunista Chino ha incorporado, en efecto, a muchos de los principales magnates del país (como Jack Ma, de Alibaba, y Ma Huateng, de Tencent) a las altas esferas del partido-estado, y China ha superado cómodamente a Estados Unidos en número de multimillonarios.

Si se mira con atención, este tipo de reestructuración de Evergrande no es nueva en la China de Xi, y sigue el patrón de empresas como Huarong y HNA, que fueron apalancadas financieramente por el gobierno cuando estaban en crisis. En este esquema de reestructuración, la empresa capitalista se salva pero la dirección es castigada. Chen Feng y Adam Tan, presidente y director general de HNA, fueron detenidos recientemente por la policía china, un destino que puede correr Xu Jiayin.

En el caso de HNA, la empresa convocó una reunión presencial y a distancia de "más de 2.700 miembros del partido, cuadros y representantes del personal" que fue presidida por Gu Gang, un funcionario del gobierno de Hainan que ha sido nombrado presidente ejecutivo de HNA y dirige un comité de trabajo responsable de la reestructuración. En septiembre, HNA había anunciado que, si salía con éxito de la quiebra, operaría como cuatro unidades independientes centradas en la aviación, operaciones aeroportuarias, finanzas y comercio. El gobierno también discute la partición de Evergrande. A cambio, la empresa sobrevive, con mayor participación del Estado, y preserva los beneficios de los accionistas. En China, como en Occidente, también hay empresas "demasiado grandes para quebrar".

Esto es aún más cierto teniendo en cuenta el tamaño de Evergrande, cuyo peso en la economía china es mucho mayor que el de empresas como Huarong y HNA. El sector inmobiliario representa entre el 25 y el 30% del PIB chino, por lo que un default desordenado de Evergrande sería un problema de proporciones que podría contagiar al sistema financiero chino, expuesto en gran medida a la deuda de la empresa.

La compleja situación del gobierno chino tiene aspectos coyunturales y estructurales. Conjuntamente, es explicable porque Xi Jinping está reduciendo el impacto del colapso de Evergrande comprando sus activos. El gobierno, que controla el sector bancario, quiere infligir suficiente dolor a Evergrande para demostrar que se toma "en serio" la necesidad de que el sector inmobiliario reduzca sus niveles de deuda y deje de depender de la financiación estatal. Pero, al mismo tiempo, no puede admitir choques recesivos en la economía en un momento de acaloradas disputas internacionales con Washington, que acaba de cerrar el acuerdo de submarinos nucleares con Australia y el Reino Unido, llamado AUKUS.

Los problemas estructurales son más graves. La crisis de Evergrande fue en gran medida "alentada" por la política del gobierno chino. En el marco de la crisis económica mundial, Xi Jinping se ve obligado a constatar que el sector inmobiliario ya no puede ser el principal motor dinámico de China, como lo ha sido durante los últimos 40 años. El modelo de construcción ininterrumpida de infraestructuras e inmuebles que ayudó a cuadruplicar el PIB de China en la década de Hu Jintao (2002-2012) parece haber llegado a su límite.

En primer lugar, el panorama de la demanda de inmuebles urbanos ha cambiado por completo desde la época en que Deng Xiaoping impulsó las reformas procapitalistas, que comenzaron en 1980 pero cobraron impulso en los años 90, responsables del mayor boom inmobiliario de la historia de la humanidad. Después de 30 años en los que millones de trabajadores abandonaron sus pueblos rurales para ir a las ciudades, la mayor migración de la historia de la humanidad se ha frenado sustancialmente.

En segundo lugar, la población de China ha dejado de crecer. En 2020, solo nacieron 12 millones de bebés, por debajo de los 15 millones de 2019, en un país de 1.400 millones de habitantes. La tendencia podría continuar en la próxima década, algo que la burocracia del PCCh quiere evitar a costa de dificultar el acceso de las mujeres al derecho al aborto.

En tercer lugar, la disminución de las ciudades y la reducción de la población están relacionadas con el cambio en el patrón de crecimiento chino, que después de 2008 ha pasado a centrarse en el mercado interno y en la producción de alta tecnología, alejándose de la dependencia de la inversión estatal en iniciativas industriales intensivas en mano de obra y orientadas a la exportación.

Así, en China operan múltiples fuerzas estructurales, mucho más allá de la crisis de Evergrande.

Xi Jinping no desea que se produzca una comunión de las tormentas antes de asegurar su permanencia en el cargo de secretario general del PCCh por un tercer mandato en el XX Congreso. Pero, como hemos dicho antes, hay tres crisis que podrían salirse de control. Las huelgas de trabajadores de la construcción, las más numerosas en provincias como Henan, Guangdong y Jiangsu, podrían extenderse si la crisis de Evergrande (y de empresas análogas como Sunac China Holdings, de Zhejiang) se va de las manos. La bronca popular por la no entrega de los departamentos prometidos podría provocar daños mucho mayores que las ventanas de la sede de Evergrande. Por último, un impago desordenado por parte de Evergrande podría desencadenar una crisis financiera, el "infierno de Dante" en la mente de Xi Jinping (la semana pasada no se pagaron intereses por valor de 84 millones de dólares, así como esta semana por valor de 47 millones).

La saga de Evergrande tiene mucho que decir sobre los problemas de China, a pesar de la ceguera selectiva de ciertos intelectuales estalinistas.






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